Andrea es inocente * Relato infieles


Evidentemente Andrea fue noticia en todos los medios.

Después de tantos años de crímenes, el asesino, bueno asesina, resultó ser una mujer y encima que era la pareja de un policía que para más INRI había participado en la detención.

La verdad es que transcendió todo lo transcendible y lo que no.

Se supo todo sobre nuestra vida sexual, salieron a la luz los videos que Andrea guardaba en lo más profundo de su disco duro, durante semanas algunos de ellos fueron los más vistos de webs porno nacionales e incluso internacionales.

Me consta que a raíz de aquellos videos, hubo mucho divorcio y algún que otro despido laboral.

La prensa insistía en saber quien era cada uno de los personajes que aparecían fornicando en los videos de mi pareja.

Mis superiores como era normal no me dejaron participar en los interrogatorios e incluso se me prohibió visitarla hasta que el juez decretase la comunicación del detenido.

Andrea clamaba a quien le pudiera oír que era inocente.

Si soy sincero los primeros días alguna vez la vi pasar a lo lejos saliendo de la sala de interrogatorios camino de la celda en los sótanos, esposada. Se me puso la polla muy dura al verla así en cada ocasión.

Yo evidentemente no era tonto, a pesar del ADN que coloqué en el vello púbico del asesinado, Andrea tenia cuartada para todos los asesinatos, incluido aquel, pues su teléfono móvil la colocaban en nuestra casa por lo que tarde o temprano la soltarían.

La chica a través de sus padres y amigos común pidió que la fuese a visitar.

A pesar de que ella era consciente que yo me conocía su doble vida, Andrea tenía la esperanza que yo no la rehuyese como había hecho casi todo el mundo.

Si he de ser sincero yo ya había descontado hace muchos meses que la muy puta se follaba a otros.

Seguramente si hubiera sabido el tema de golpe y con ella en la cárcel mi actitud hubiera sido otra, pero habiéndomela follado cada vez que veía uno de los videos nuevos creo que el duro trago se pasó mejor y ahora lo vivía como si yo no fuese protagonista del trama sino un simple espectador.

Accedí a ir a verla tres meses después de su detención, un mes después de que el juez decretase la comunicación de la detenida.

Se me ofreció verla en una sala sin un cristal por el medio por mi condición de policía, pero rehusé, tenía que hacerme el ofendido y no quería darle a Andrea motivos para pensar que aquella no era más que una visita de cortesía.

Me pareció patético verla en un mono naranja, el nuevo uniforme de los presos en España ya con el teléfono en la mano esperando que yo me sentase y cogiese el mío.

–  no fui yo – fue lo primero que me dijo – tienes que creerme – continuo –  me quieren meter los asesinatos de tíos que ni conocen, ya lo sabes yo no podría hacerle daño a una mosca y a esos tíos los masacraron.

–       Yo te he visto muy violenta.

–       ¿dónde? – me dijo con cara de alucine.

–       Con una polla en el coño y otra en el culo.

–       Eso es que soy dominante en la cama, pero no he hecho daño a nadie nunca.

–       Bueno, yo te he visto con una fusta en la mano

–       Estamos en lo mismo.

–       Has dado hostias como panes, te he visto pasarte.

–       Y el que recibía lo disfrutaba

–       O eso pensabas tu.

–       Por favor perdóname – dijo bajando la cabeza.

–       ¿Pero no me has dicho que tu no has sido?

–       Por los videos – me dijo bajando la cabeza de nuevo después de una ligera mirada.

–       Los videos no son el problema Andrea, aparte de que se te acusa de asesina, el problema es que me has sido infiel desde el principio.

–       Era solo sexo

–       Sexo duro de hecho, llevo viendo los videos este mes, bueno yo y media España

–       No – dijo con cara sorprendida.

–       ¿No te lo habían dicho antes?

–       No, solo que tu los sabias.

–       Pues eres una estrella porno del nivel de las más populares, no sabes la cantidad de pajas que se han debido hacer en tu honor.

–       Dios mío…

–       Aparte de los problemas que has puesto a tus parteners.  La prensa no deja de hablar de ellos y de la suerte que tienen de solo haber sido abandonados por sus mujeres.

–       Dios mío.

–       Estarás contenta, no solo corneas a tu pareja sino que has tenido que grabar cada encuentro, ¿por qué lo hacías?

–       Necesitaba sexo.

–       Evidentemente, pero además de eso…

–       Me gusta masturbarme viendo como me poseen, como me someten, como me corro.  Lo siento, debía de habértelo contado.

–       Además de eso los asesinatos.

–       Te juro que no fui yo.

–       Bueno, todo apunta hacía ti.

–       Mi abogada dice que puede demostrar que no fui yo.

–       ¿Y como?

–       No se como apareció el ADN en el pubis del fallecido pero yo no me moví de casa y de hecho creo que tengo coartada en cada uno del resto de los asesinatos.  Es un montaje.

–       Bueno, a ver como avanza la investigación. – mire el reloj – Bueno, te voy a dejar que tengo cosas que hacer.

–       ¿Te vas ya?, no ha pasado la media hora.

–       Tengo que hacer cosas y pensar

–       ¿Te puedo pedir un favor?

–       Me imagino…

–       En 10 días tengo un vis a vis disponible.  Iba a venir mi madre, pero estoy supe estresada y necesito sexo.

–       ¿Y me lo dices así?

–       Bueno, tu eres mi pareja.

–       Eso esta por ver.

–       Vamos a ver, sabes de sobra que necesito correrme con una polla en el coño cuando estoy pasando épocas de estrés.  Esta es la época de mi vida que más estrés tengo y necesito correrme. Sin más. Ósea que me encantaría que vinieses en 10 días a montarme, pero sino lo haces le diré a mi abogada que me busqué quien lo haga.

Me despedí con los típicos “me lo pensaré, ya veré que hago”, y me fui .

No le dije nada por mail a su abogada hasta un día antes, según me enteré por un amigo en la cárcel que un tal Julio Fernández, que resultó ser uno de sus amantes expulsados de su casa por su mujer, ya estaba registrado como visitante para ese día.

Pedí un par de favores a un funcionario de prisiones que conocía lo que permitió no hacer cola con el resto de familiares que iban a visitar a sus presos y pasar directamente.

Antes de entrar un funcionario me dio una bolsa en un uniforme nuevo y una navaja.

Entre en la sala de vis a vis y Andrea me esperaba de pie al lado de la cama con su uniforme naranja y esposada con cada una de sus manos enganchadas a la altura de cada lado de sus caderas a una cadena que rodeaba su cintura.

De esa cadena caía otra que acababa en unos grilletes que le apresaban sus tobillos.

–       Has venido finalmente –  me dijo con una medio sonrisa en la cara.

–       Si, creo que le he jodido el plan a un tal Julio.

–       Julio es un buen amigo.

–       Y tu una zorra, además de asesina.

–       No he matado a nadie.

–       Eso se lo dirás al tal Julio para que venga a follárte

–       Pues tu no pareces muy retraído a venir a follarme.

–       ¿quién te ha dicho que te voy a follar?, a lo mejor he venido para evitar que te folle otro.

–       No serás tan hijo de puta.  Quítame las esposas y móntame, que además no entiendo por que me las han dejado puestas.

–       Te las han dejado puestas por que eres sospecho de más de 20 asesinatos y un policía en activo va a estar contigo en una habitación a solas.  Ponte de rodillas.

Andrea no rechistó, se puso de rodillas.  Yo saqué mi polla del pantalón y no me moví.  Ella no lo dudó, andó tres  pasos sobre sus rodillas para abrir la boca y meterse mi nabo en sus fauces.

A pesar de no poder usar las manos Andrea me la lamió como si no quedase un mañana.  Le dejé mamar hasta que vi que me corría. Aparté la polla y cogiéndola por los pelos la hice levantarse y quedar contra una de las mugrientas pareces del cuarto.

Saqué la navaja del bolsillo y empezando por el cuello del uniforme empecé a rajarlo.  Deje su espalda descubierta, a continuación rajé cada una de sus mangas, destrozando la prenda pero con ello quitándosela.

–       por dios, me va a caer el pelo, has jodido el uniforme.

Con la misma navaja rajé cada una de las perneras hasta quedar el pantalón hecho un amasijo de tela en el suelo.

De alejé dos pasos para verla.  La verdad es que a pesar de las bragas carcelarias, la chica tenia un culo de impresión.

Volví hacia ella y con la navaja le corte los dos tirantes del sujetador y para completar mi obra desabroché la parte del cierra. El mismo cayó dejando sus pechos al aire a un centímetro de la fría pared.

La volví a cogerla del pelo y la llevé contra el camastro.  Andrea apoyó su cara contra las recién cambiadas sabanas quedando de rodillas con el culo a mi disposición.

–       folláme de una vez.

Yo le abrí las nalgas y le metí de golpe dos dedos en su ya dilatado culo. Empecé a escarbar con ellos y no tarde en meterle el tercero.  Andrea gemía con fuerza.  La masturbé con los dedos hasta que su culo parecía un bebedero de patos.

Andrea se corrió en cuanto sintió mi polla en su culo.

–       por dios suéltame las manos, deja que me toque el clítoris.

–       ¿no te gustaba ser sometida?

–       Aggg pero no así.

Saqué mi polla de su culo y dándola vuelta su cuerpo se la metí en la boca.

–       ¿pero qué haces? Aggg – dijo antes de recibir mi polla en su boca.

Andrea tenía los ojos fuera de su orbita, yo le hacía chupar metiéndosela con fuerza hasta que mis pelotas chocaban con su labio inferior.

De nuevo aguanté hasta que estuve a punto de correrme, le quería explicar a esta mujer quien mandaba en ese cuartucho.

Le di por todos lados hasta que miré el reloj y vi que quedaba media hora hasta que tendría que irme.

Le di la vuelta a Andrea, le levanté las piernas agarrando la cadena que unían los grilletes de sus tobillos. Mi pareja estaba excitada viendo como mi polla se dirigía hacia su hinchado coño. Cuando la penetré Andrea arqueó su espalda.

Creo que era la primera vez en mi vida que veía el coño de mi pareja descuidado, y eso me excitaba.

–       eres una puta

–       tu puta

–       mi puta y la puta de muchos, entre ellos mi hermano.

–       Eso no es cierto

–       No me mientas zorra – le dije mientras me la follaba con más fuerza – he visto ese video.  Además te reías de mi.

–       Cariño era solo sexo

–       ¿No como esto?

–       Esto es amor.

–       ¿en una cuarto de vis a vis?, ¿contigo cargada de cadenas?

–       No me digas que no te pone.

Me corrí en su cara como hacía cuando organizábamos orgias, la dejé tirada con la cara chorreando lefa.

No hablamos demasiado, simplemente empecé a recoger mi ropa mientras desnuda Andrea intentaba levantarse de la cama.

Cuando me había vestido cogí la bolsa de plástico y saqué de el un nuevo uniforme.  La hice acercarse y le solté las esposas para que se vistiese. Cuando estuvo de nuevo con el nuevo uniforme puesto, aunque sin ropa interior, la volví a encadenar.

–       ¿Volverás en 15 días?

–       Puede ser.

–       Me soltaras para que arañé la espalda mientras me follas?

–       La próxima vez que te follé te follaré esposada.

Dejé a Andrea mirándome como vaca al tren cuando salí del cuartucho.

Pasaron los días con la monotonía que el trabajo del día a día causan.

No se como ocurrió, pero una semana después de mi encuentro con Andrea, Julia su abogada se puso en contacto conmigo.

Era la primera vez que hablábamos a pesar de llevar representándola desde su detención. Yo me había cogido una semana libre en una cabaña por la zona de Llavorsi que me había dejando un amigo.

Necesita un tiempo conmigo mismo y aquella casa alejada de todo, donde ya no había carreteras era perfecta.

La casa el único atractivo que tenía era que estaba aislada, perfecta para pensar.  Una cocina, un cuarto, un baño, un jacuzzi y una cama.

Me sorprendió cuando apareció por el camino de piedras un Jeep Chrerokee ultimo modelo, se me presentó como Julia Puyol, abogada de mi novia. Evidentemente la hice pasar. Empezaba a lloviznar.

Para el momento que nos sentamos y le puse un vino cuando de repente un tormentón se inició. Según me había contado mi amigo Pau, el dueño de la cabaña aquellas tormentas repentinas eran típicas de los pirineos.

–       Pues bien Srta. Puyol, ante todo saber, ¿cómo me ha encontrado, aquí no hay señal de móvil?

–       No ha sido fácil, pero cuando en comisaria me dijeron que estaba de vacaciones tuve que moverme.

–       ¿Y como lo hizo? – pregunté extrañado y con mucha curiosidad.

–       Bueno, haciendo la historia corta.  Su jefe me puso en contacto con su compañero, su compañero me dijo que estaba usted aquí pero no sabia como llegar, pero si me indicó los datos del dueño. Y claro, el dueño me dijo como llegar.

Me hubiera gustado haber podido avisarle de mi llegada, pero me ha sido imposible – intentó justificarse la mujer.

–       No se preocupe. Usted me dirá.

–       Bueno, la verdad estoy convencida que su mujer no asesino a nadie, aun no puedo explicar como apareció su ADN en el pubis del ultimo muerto pero en referencia al resto de muertos puedo demostrar en cada uno de ellos que Andrea tiene coartada para cada uno de los crímenes.

–       ¿Y como?

–       Bueno, viajes de trabajo confirmados, posiciones del móvil, reuniones contrastadas. En fin, como le digo salvo el ultimo lo demás es demostrable que ella no fue.

–       Pues lo celebro. Me quita usted un peso que no sabe de encima. Pero, ¿por qué me cuenta usted esto?

–       Básicamente voy por lo que tengo entendido usted ha tenido un acercamiento a su pareja.

–       Me la he follado.

–       Bueno, ese es un inicio, aun así le quería pedir un favor.

–       Usted me dirá.

–       Voy a intentar que cambien su prisión provisional por prisión domiciliaria provisional.

–       ¿Eso es posible?

–       Al ser usted policía, tengo posibilidades.

–       ¿Y?

–       El problema es que usted se debe de responsabilidad de su mujer.

–       ¿Y que me obliga esto?

–       En realidad a tomar las medidas para que no se fugue. Bueno, en realidad que no salga de casa, pero si huye solo tendrá problemas si no lo comunica – la mire con cara de pocker, era una petición realmente retorcida, por lo menos sabiendo lo que yo sé.

–       Me lo pensaré.

Seguimos hablando Julia y yo sobre muchas cosas sobre un par de horas más.  Era una mujer muy guapa e interesante.

 

La verdad es que hicimos un poco de tiempo por que llovía, pero realmente fue una compañía muy agradable.

 

Acompañé a la mujer hasta su coche.  Eran solo diez metros pero entré en casa calado.

Eché unos troncos en la chimenea y decidí meterme en el jacuzzi.  Me despoje de mi ropa y empecé a llenar el jacuzzi con agua caliente.

Puse un poco de música mientras se llenaba y en pocos minutos entraba en él con una copa de ron añejo en la mano. La verdad es que la tía estaba muy buena, seguramente esa noche me la machacaría pensando en ella.

Había pasado más o menos 20 minutos en el agua cuando alguien aporreó la puerta de la casa. Ni idea quien podía ser con el tiempo que hacía.

Salí mojándolo todo, me puse una toalla y me fui hacia la puerta. Allí estaba Julia calada hasta los huesos, tiritando de frio y sin poder articular palabra.

–       ¿qué ha pasado?

–       Había un árbol caído bloqueando el camino y he tenido que dar la vuelta

–       ¿Y como estas mojada?

–       Al intentar dar marcha atrás metí el coche en una zanja

–       Y como no llamaste a la guardia civil

–       No había cobertura, pensé que estaba más cerca.  Llevó 40 minutos andando bajo la lluvia.

–       Pasa, pasa ponte delante de la chimenea, tienes que quitarte esa ropa – la chica me miró y no lo dudó, empezó a quitarse la ropa hasta quedarse completamente en pelotas, aun así seguía tiritando y tenía la piel morada y de gallina.

–       Julia, creo que lo mejor que puedes hacer es meterte en el jacuzzi, despacio pero entraras en calor mucho antes, después te daré ropa.

Ayudé a la chica a entrar y esperé a que se recuperase unos diez minutos dándole cháchara.  La verdad es que estaba buenísima en pelotas, más de los que imaginaba.

Esperé a que Julia reaccionase para ofrecerle un ron, volví con él en la mano y aproveche para quitarme la toalla y meterme yo también.

–       Pues Julia, creo que vas a tener que quejarte a dormir aquí, mañana iremos con una sierra a retirar el árbol y sacar tu coche de la zanja.

–       No quiero ser molestia, dormiré en el sofá.

–       Hombre, creo que si podemos compartir un jacuzzi desnudos podremos compartir una cama vestidos.

–       La verdad es que tienes razón.  Joder que susto pasé, pensé que no llegaba de vuelta aquí.

–       No te preocupes, ahora aprovechemos la noche pues son las 9 de la noche y aquí no hay tele.  ¿Otra copa?

Al principio salía yo del jacuzzi para poner las copas, después empezó a salir ella tapándose con sus manos al salir, a la segunda salida iba como dios le trajo al mundo sin ningún tipo de rubor.  Buenas tetas, coño recortado pero con pelo.

La noche avanzaba y las copas también, llegamos a un punto en que Julia me masajeaba los pies a mi y yo a ella.  La cosa no podía acabar de otra manera que ella sentada en mi polla botando despacito mientras me miraba a los ojos y morreaba sacando su lengua.

Julia tenía un coño estrecho pero muy húmedo.  Las tetas las tenía duras y a cada penetración soltaba un gemidito que iba aumentado según iba pasando el tiempo.

La verdad es que era un pedazo de hembra.

–       no pares por favor, que gusto, jamás me habían follado en un jacuzzi – gemía Julia.

–       Jamás me había follado a la abogada de mi pareja – contesté.

–       Ni yo al novio de mi cliente estrella.  Chúpame los pezones.

Follamos sumergidos durante un cuarto de hora hasta que le propuse acabar delante de la chimenea.

–       espérame enfrente de la chimenea a cuatro patas.

–       Solo si me la metes en la boca antes de penetrarme

Efectivamente Julia salió de la bañera y puse admirar su cuerpazo contorneándose camino del salón.

Cuando llegué yo a él ella me esperaba a cuatro patas con las piernas un poco abiertas ofreciéndome su culo y coño.  La rodeé, la agarré por la barbilla y se la metí en la boca.

Julia me la chupó un rato hasta que ella misma me pidió que la volviese a metérsela en el coño.  La agarré por las caderas y se la metí hasta el fondo.

Toda mujer dice que hay en polvos en los que nunca llega y otros en los que en un momento dado algo se mueve, como si una tecla se apretase y el placer entra a raudales.  A Julia le debió de pasar así por que empezó a berrear y a correrse sin parar.

Julia y yo follamos con pausas para comer, beber y fumar hasta que la tormenta cesó y el sol empezó a salir.  Caímos exhausto en la cama y dormimos hasta que la policía llamó a la puerta para saber si estábamos bien y si sabíamos la procedencia del Jeep metido en una zanja junto al árbol caído.

Nos vestimos con ropa de hombre ambos ante el alucine de los policías.  Muy amablemente nos acompañaron a recuperar el coche.  Volvimos a la cabaña y me la volvía follar esta vez encima de la mesa del salón.  Estaba más buena sin copas que con copas.  La tía era magnifica en la cama y un bellezon.

–       estamos locos, se nos ha ido la olla.

–       Pues no te vi que pensases eso cuando estabas encima de la mesa.

–       La verdad es que me has puesto a mil.

–       ¿volveremos a follar?

–       Yo creo que no deberíamos

–       ¿Y te gustaría?

–       Me encantaría.

–       Y ¿te gustaría que fuese al vis a vis la semana que viene?

–       Déjala colgada, que se joda por puta, que se masturbe pensando en los pollazos que le podían haber caído, pero acéptala en tu casa como arresto domiciliario, por que realmente no ha sido ella.

–       ¿Segura?

–       Segurísima.

Nos intercambiamos los teléfonos y quedamos en llamarnos.  Julia se fue con ropa mía pues la suya no había secado, casi anochecía cuando después de volver a tirármela emprendió viaje de vuelta a la ciudad condal.


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