Sexo anal

De vuelta al trabajo – fantasías


Eran las ocho treinta y cinco de la mañana, cuando el avión de Lu aterrizo en el aeropuerto de la Ciudad de México, dándole fin así, a las tan merecidas vacaciones que llevaba planeando desde hacía muchísimo tiempo.

Había logrado al fin su sueño de conocer Italia, que por X o Y siempre había dejado de lado. Pero ahora que había regresado, se encontraba feliz, repuesta y más que lista para regresar al trabajar, deseando en los próximos días atender a tantos de clientes como le fuese posible.

Solo pensar en ello hizo que su piel se erizara. Comenzó a sentirse tan excitada que mientras arrastraba su maleta por los pasillos de la terminal, casi podía sentir las miradas de quienes se cruzaban en su camino.

Una de ella era la de Benjamín —Benny de cariño—, su joven asistente que ya la estaba esperando en la entrada con el carro listo para llevarla a su casa.

Lu no pudo evitar la emoción de verlo, de inmediato acelero el paso. Cuando por fin estuvo lo bastante cerca, lo abrazo tiernamente, como si se fuese algún familiar a quien no hubiera visto en muchos años.

— Que gusto volverla a ver, jefa —le dijo mientras besaba su mejilla y le recibía la maleta para meterla en la cajuela de carro.

— El gusto es mío, Benny —dijo ella—. No tienes idea de cuánto te extrañaba.

— También yo a usted, no crea que no. Pero no fui el único; ya desde ayer no han dejado de llamar preguntando cuando pueden hacer una cita.

— Vaya, vaya, vaya —respondió mientras dejaba que Benny le abriera la puerta—Pásame el teléfono ahorita que entres, Benny, corazón.

— A la orden, jefa.

El muchacho cerro entonces la puerta y tomo su lugar en el asiento del conductor.

Mientras ponía en marcha el carro, abrió la guantera para sacar de ella un pequeño bolso de piel sintética. Se lo entrego a Lu, quien a su vez extrajo un pequeño teléfono celular.

Dejo el bolso a un lado de su asiento, para poder sostener mejor el aparato. Estaba feliz de tenerlo de regreso, tanto que sus manos temblaban mientras introducía el código de acceso, pues al ser una de sus principales herramientas de trabajo, se sentía incompleta al no tenerlo todo el tiempo con ella.

Y aunque había disfrutado profundamente haber salido unos cuantos días de la rutina, nada le encantaba más que oír la voz de algún caballero, (o de alguna dama) llamándole por su nombre para solicitarle unas cuantas horas de su atención.

Así que más pronto de lo que había imaginado, comenzó a enviar mensajes a sus clientes, así como a anunciar en dentro sitio web, que estaba de vuelta y que en cuanto quisieran podían comenzar a atenderlos a partir de las tres de la tarde.

Las llamadas no se hicieron esperar y en menos de un parpadeo ya tenía una sesión programada para esa hora.

— Bueno, Benny —dijo sonriendo a su asistente—, hay que ir a prepararnos ¿pero qué te parece si vamos primero a un restaurante? Todavía no he desayunado y me imagino que tú tampoco ¿o me equivoco?

— Por mí no se preocupe. De veras.

— No digas tonterías —contestó con un tono autoritario— Yo invito y de paso me cuantas como te fue en estas dos semanas sin mí. ¿Te parece?

— Como usted ordene, Jefa. —Respondió— ¿A dónde quiere que la lleve?

— Llévanos a donde siempre —le dijo al joven—, me muero de ganas por comer unas buenas enchiladas.

Después del desayuno y de algunas compras rápidas, Benny llevo a Lu de vuelta a su casa, una modesta residencia de estilo colonial, ubicada al sur de la colonia Roma, que había heredado prematuramente de sus padres, quienes por motivos de salud, tuvieron que trasladarse a Puerto Vallarta un par de años atrás.

Ella en principio trato de venderla, pero al final no tuvo corazón para hacerlo, Por lo que al final uso casi todos sus ahorros para remodelarla y convertirá así en su nueva residencia.

Una vez que llegaron, Lu le pidió a Benny que se encargara de organizar su agenda, pues ella quería dormir unas horas de ir a su cita.

También le pidió que la despertara una hora antes por si no escuchaba la alarma de su despertador. El muchacho le respondió afirmativamente mientras ella subía las por las escaleras para ir a su dormitorio.

Lu ni siquiera tenía idea de lo cansada que estaba, hasta que se encontró de nuevo en la su cama. Solo le bastó con recostar su cuerpo encima del colchón para caer profundamente dormida.

Por desgracia el descanso le duro muy poco (o al menos eso le pareció), pues comenzó a escuchar un golpeteo a su puerta, acompañado por la voz de su ayudante:

—Jefa —le decía—. Despierte. Ya no tarda en llamar el cliente.

Y como si ambos se hubieran sincronizado, en ese instante el teléfono de Lu empezó a sonar. De inmediato salto de la cama y contestó la llamada antes de que esta se enviara al buzón.

Lo hizo usando un tono de voz que era tan sensual como amistosa, pues sospechaba que quien le llamaba era apenas un muchacho, que tenía poca o nula experiencia en estas cuestiones.

— Hola precioso —susurró—, ¿Estás listo para nuestro encuentro?

— Eh —respondía una voz al otro lado— Bueno…Sí, lo estoy… Ya estoy llegando de hecho al hotel.

— Excelente, mi cielo. Bueno en cuanto te instales me mandas el número de la habitación. Yo estaré ahí en una hora.

— Está bien… te veré entonces…

— Nos veremos pronto, corazón

Se despidió enviándole un beso a través del micrófono. En cuanto la llamada termino, le grito a Benny que preparara el carro mientras ella corría al baño para alistarse.

Hubo poco tráfico, así no tardaron ni medía hora en llegar. Benny como siempre iba a esperar en el lobby a que ella regresara. Lu se dirigió al elevador, ciñéndose el abrigo negro que traía puesto, para evitar alguien pudiera ver más de la cuenta. Respiro profundamente cuando las puertas se cerraron.

Estaba nerviosa y excitada, algo que ocurría en cada nuevo encuentro, tanto que podía sentir un suave cosquilleo entre sus piernas, el cual causo que un par de gotas escapasen de su sexo, resbalando por sus muslos hasta perderse en la liga de sus medias.

Eso la hizo sentirse como todo una puta. La más grande en toda la tierra. Pero eso le encantaba.

Las puertas se abrieron. Lu camino por el pasillo hasta llegar a la habitación que el cliente le había indicado. Suavemente golpeo tres veces a la puerta marcada con el número 513, sintiendo como su corazón empezaba a latir con más intensidad.

Escucho unos pasos acercándose al otro lado, seguido inmediatamente por el sonido del seguro liberándose y girar del picaporte. Fue entonces que un rosto juvenil se asomó por la puerta, sonriendo tímidamente.

Al verlo, Lu también le sonrió. El muchacho abrió completamente para dejarla pasar. Una vez adentro, cerro nuevamente la habitación. Fue entonces que ella se quitó el abrigo, mostrándose ante él con un sensual vestido rojo.

— ¡Guau! —dijo el joven sin moverse de su lugar— ¡Estas bellísima!

— Muchas gracias, corazón —dijo Lu— ¿Pero no quieres acercarte un poco más? Te aseguro, que no muerdo.

El muchacho se acercó a ella colocando sus manos alrededor de la cintura. Lu coloco sus brazos alrededor de su cuello y lo beso suavemente separándose casi al instante de sus labios.

— Dime ¿Cómo te llamas?

— David —dijo él en un suspiro.

— ¿Y ya has estado con una chica antes, David?

— No, todavía no.

— Bueno —le respondió mirándole a los ojos— entonces hagamos que esta primera vez sea algo especial…

Entonces volvió a besarle, solo que con más pasión esta vez. Guio las manos del chico a la parte trasera de su vestido haciendo que se lo retirara con cuidado, dejando al descubierto sus blancos y generosos pechos. Ella también se encargó de desnudarlo, comenzando por la camisa hasta llegar al pantalón.

Ambos se abrazaron, cayendo sobre la cama. Lu entonces comenzó a sentir la mano de David acariciando su sexo, introduciendo sus dedos dentro de ella y masajeando con el pulgar su clítoris que en esos momentos se encontraba completamente erguido, empapado por los fluidos corporales que estaba liberando. Fue entonces que sin darse cuenta, empezó a mover las caderas, disfrutando intensamente, al mismo tiempo que llevaba las manos a sus pechos para estimularlos.

David fue aumentando rápidamente el ritmo de las caricias, haciendo que Lu gimiera cada vez más fuerte, causando que sin previo aviso su cuerpo estallara en un fuerte orgasmo que la hizo soltar un grito agudo pero lleno de placer.

Se sentía extasiada ya que ese había sido su primer orgasmo en varios días. Pero tenía necesidad de algo más por lo que le pidió al David que le pasara su bolsa. Saco de ella una caja con codones.

Tomo uno y con sus labios lo colocó sobre su pene erecto. Luego de eso se recostó, abriendo sus piernas para dejarle ver su sexo completamente empapado en fluidos vaginales. David se colocó encima de ella mirándole a los ojos en busca de algún signo de aprobación o de permiso.

— Solo déjate llevar, corazón —le susurró al oído— En estos momentos soy tu puta. Haz conmigo lo que queras.

Con sus manos acerco los labios del joven a los suyos. Lo beso con tal intensidad que el joven apenas podía seguirle el ritmo, aunque no por ello dejaba de intentarlo. Al mismo tiempo podía sentir como su miembro, comenzaba a penetrarla lentamente hasta llenar por completo todo su interior.

Lu comenzó a gemir entre besos, mientras sentía como David la tomaba, al principio despacio, pero conforme empezaba a soltarse y a sentirse más cómodo sus ritmos se iban acelerando así como también aumentaba el nivel de pasión en sus besos y sus caricias. Fue entonces que la invadió un segundo orgasmo más fuerte aunque el primero.

Al mismo tiempo vio como David también estaba a punto de alcanzar el clímax, por lo que le dijo que podía terminar dentro de ella, pero él en su lugar extrajo su miembro para poder terminar encima de ella.

Sin pensarlo dos veces ella acercó sus labios, y dejando que la puta que había en su interior tomara el control comenzó a devorarlo hasta que pronto el joven exploto llenado de esperma sus labios, su cuello y parte de sus senos.

Exhaustos se recostaron sobre la cama. Lu le beso con ternura dejándole probar un poco del semen que había quedado en sus labios mientras que el acariciaba despacio sus muslos y sus caderas.

Una vez terminada la sesión, Lu salió del hotel bastante contenta. Había vuelto exitosamente a las andadas y estaba más que deseosa por seguir con esa racha.

Benny ya la esperaba cerca del carro, pero ella camino despacio y sin mucha prisa. Una vez dentro del carro, se acomodó sobre el asiento liberando un suspiro junto con un chillido de emoción.

— ¿Todo bien, jefa?

— Todo perfecto, Benny corazón —respondió— Vamos a la casa.

— A la orden.

Mientras salían una ligera llovizna comenzó a caer. Y como una niña Lu empezó a hacer algunos dibujos de corazones en la ventanilla del carro.

— ¿Te digo una cosa, Benny? No es por exagerar, pero para haber sido nuevo, el muchachito de hace rato no estuvo nada mal.

— ¿De verdad? ¿Lo hizo bien?

— Pues, le falta práctica pero tenía una pasión… Me encanto tanto que le prometí hacerle un descuento, la próxima vez que me llamase.

— ¿Y usted cree que vuelva a llamarle?

— Estoy segura —contestó— A decir verdad me recordó mucho a ti las primeras veces.

Lu no podía verlo, pero estaba segura de que el muchacho que se había sonrojado. Ella también se sonrojó al pensar en las cosas que podría enseñarle a David, tanto para su placer como para el de ella.

Aunque esos planes tendrían que esperar, pues en esos momentos su teléfono empezó a sonar. Se trataba de un cliente frecuente, el Licenciado Silvio Román, por lo que sin tiempo que perder contesto y con una dulce voz se dedicó a atender la llamada.






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