El armario de mi suegra


Hola, mi nombre es Ariel, soy de Madrid y tengo 27 años. Actualmente estoy casado, vivo en un departamento en el centro de la ciudad con mi esposa, de 29 años.

Me describo rápidamente, soy alto, un poco más del promedio, moreno, ojos cafés, ligeramente fornido. No soy precisamente un galán, pero ahí vamos. Este episodio de mi vida, que llevaba tiempo guardado en mi memoria comienza de la siguiente forma.

Un fin de semana mi mujer y yo salimos para la casa de mis suegros, en un pueblo a una hora y media de donde vivimos, era una visita de rutina, típico paseo familiar de fin de semana, yo iba algo aburrido en el auto pensando en que no había una peor manera de pasar el domingo, que estando allá, iluso, no tenía ni idea de lo que me esperaba.

Llegamos a la casa de sus padres y como siempre al bajar del auto, le cogí el culo a mi mujer, traía un vestido por encima de la rodilla color celeste, ceñido en la cintura que dejaba adivinar sus anchas caderas y el tremendo culazo que tenía. Aparcados en el jardín, nos besamos antes de entrar a la casa y aproveché para correr a un lado su tanga y pasarle la mano entre el coño y la raja. Eso la calienta bastante, roja y ruborizada me dio un golpe en el hombro y entramos, al tiempo que yo me reía por lo mojada que la dejé.

 Nos recibieron como siempre, sin embargo no tardé en notar que todos en la casa estaban apurados, y por todos me refiero a mi suegra, Julieta, que iba y venía quejándose porque aparentemente no encontraba qué ponerse para un compromiso que tenía esa misma tarde.

Julieta, es una mujer muy apetecible para sus 49 años, su piel morena es aparentemente inmune a los años, es algo gruesa, pero no llega a estar subida de peso, tiene senos normales, no muy grandes, pero lo espectacular de su cuerpo definitivamente de encuentra en su trasero, es hermoso, gigante, redondo y bien parado, podría usarse cómodamente como una almohada enorme. Siempre que puedo me paro a contemplarlo, porque es una obra de arte. Obviamente evitando se tan evidente.

Ese día no fue la excepción. Estaba corriendo como loca por toda la casa, mi suegro era completamente ajeno a ese problema, estaba metido en sus propios asuntos alistando maletas para un viaje que tenía programado. Prácticamente se ignoraban, por mi mujer me enteré que dormían en habitaciones diferentes y que ya hace tiempo se habían separado.

Mi mujer se dedicó a preparar el almuerzo, mientras que yo sentado en la sala observaba como iba y venía ese culazo en leggings, tan apretado que dejaba adivinar las dimensiones de la trusa que traía debajo.

Escuché en otros ambientes de la casa una discusión, aparentemente entre los esposos, mi suegra salió furibunda exclamando por los aires que no tenía apoyo de nadie y que se sentía sola porque a nadie le importaba.

Yo solo atiné a ignorar la situación mirando mi  teléfono, cuando de pronto se acerca y me pregunta:

¿Ariel en vista de que todo el mundo anda muy ocupado me acompañarías a hacer unas compras para la reunión que tengo más tarde?

La verdad es que yo siempre me he llevado bien con mi suegra y tenemos una relación con saludable confianza, y bueno, a mi mujer no le importó debido a que estaría ocupada un par de horas preparando el almuerzo. Es más creo que hasta me agradeció por sacar a su madre de la casa que estaba súper cargada de tensión.

Acepté y muy rápidamente me dijo,

–              Espérame, me cambio de fachas y salimos.

Asentí, y me quedé esperando a ver qué se pondría para salir a comprar.

Pasados 10 minutos, salió brillante, con un vestido corto con texturas blancas y azules, por encima de la rodilla que dibujaba muy bien su figura, y acentuaba su trasero.

Quede baboso, viendo ese culo hasta que me saco de mis ensoñaciones pidiendo que me parase y ruborizado reaccioné.

Salimos y camino al centro comercial, alternaba la mirada entre la carretera y sus piernas, mientras que ella no paraba de quejarse por lo mal atendida y sola que de sentía, que sospechaba que mi suegro tenía una amante y que hace meses que no la tocaba, etc.

Me sentí algo incómodo y excitado al escuchar esto último debido a que teníamos confianza, sí, pero nunca habíamos llegado a tanto.  Empecé a sentir una eminente erección entre el timón y mi vergüenza pude ver cómo me quedó mirando la entrepierna, y al percatarse que la observaba, rápidamente desvió su mirada hacia la ventana.

Llegamos al centro comercial y empezó la tortura. Yo en lo personal detesto ir de compras, no lo aguanto ni con mi mujer, sin embargo mi suegra entraba y salía de tiendas, no dejaba de probarse ropa y para todo me pedía mi opinión.

Llegamos a una boutique muy exclusiva donde se vendía de todo, desde vestidos, zapatos e interiores para dama. Mi suegra se enamoró de un vestido ceñido color rojo vino que se fue a probar, la verdad le quedaba exquisito. Ella salía y yo me derretía en halagos, ya habíamos comprado todo lo que buscaba hasta que pasamos por la zona de lencería, algo avergonzada me preguntó si debería comprarse algo que combine con su nuevo vestido, me entró el morbo y le sugerí una tanga como las que usa su hija, que son bastante pequeñas; en lo personal me gusta cogérmela con la lencería puesta, jalando a un lado el hilo de la prenda; pero inmediatamente se escandalizó y me dijo que no se compraría eso, porque no es para su edad y nunca había usado ese tipo de interiores.

Yo la animé e incité a probársela siquiera, diciéndole que ese tipo de ropa la usan las mujeres más sexys y seguras de sí mismas, que ella se ve muy joven y no le quedaría mal, mi presión parecía funcionar, me pidió que escogiese alguna que me pareciera bien y escogí una tanga blanca con encaje en la parte del pubis y con un pequeño triangulito en la parte del trasero.

Dudosa me preguntó que si algo tan pequeño le entraría, le dije que sí, y que gracias al elástico de no tendría problemas.

Me daba mucho morbo imaginar como algo tan pequeño encajaría en semejante trasero. Esperé.

Se metió al probador mientras que yo me pasaba la mano por encima del pene, que lo tenía tope, solo imaginando como se le vería. Pasado unos minutos salió muy contenta, aparentemente le había gustado como le quedó.

La felicité y mientras hablaba  de pronto se escucharon gritos, y un disparo. Estábamos en la parte trasera de la tienda cuando al asomarme vi un grupo de maleantes que estaban atracando la caja y a los clientes.

Mi suegra entró en pánico y tuve que pensar rápido, en la parte de atrás de los probadores encontré un pequeño armario que estaba cubierto con varios maniquíes. Se veía  Difícilmente así que cogí a mi suegra de la mano y la jale dentro.  Era muy pequeño y estrecho, estábamos prácticamente pegados; mientras que afuera se escuchaban  gritos de las mujeres y chillidos. Mi suegra se tensionó y empezó a llorar, le tapé la boca y le dije que se calmase, probablemente si nos encontraban, podrían hasta matarnos.

La tranquilicé diciendo que ese armario estaba muy escondido y sería difícil que lo vieran, además, tenía un cerrojo por dentro por lo que no lograrían abrir la puerta en caso de que nos hallasen.

Mi argumento pareció funcionar, pero recién en ese momento caí en la cuenta que estábamos muy pegados yo detrás de ella. Aparentemente ella tampoco se había percatado de que mi polla estaba a unos centímetros a la izquierda de su raja, no pude contenerme y con un movimiento de cadera, logré colocarme en el medio de su redondo trasero.

Estaba en el cielo, ella estaba tan preocupada por lo que estaba pasando afuera que no se percató de la posición en la que estábamos.

Pasaban los segundos y mi verga empezaba a crecer, cuando alcanzó su tope pareció sentirla y cayó en  cuenta que la estaba punteando y que tenía mi miembro apretando su trasero.

Le dije que me disculpara, ella avergonzada dijo que esto era impropio, e intentó moverse para zafarse, yo la cogí de la cintura y la pegué más a mí.

Protestó, pero le tape la boca diciendo que si se movía y producía ruido, nos podrían encontrar, además que tampoco había el espacio suficiente como para poderse mover.

Pareció entender y se quedó quieta, yo seguía en el paraíso al sentir mi pene entre sus nalgotas inmensas y duras, los gritos no paraban afuera, de pronto empecé a sentir como movía sus caderas, como frotándose contra mí, no perdí la oportunidad y me acerque a su oído, y empecé a decirle lo hermosa que se veía, con mi boca en su oreja sentí su suave piel ponerse de gallina, y acentuó el movimiento de caderas, bajé mis manos y cogí sus muslos, ella llevaba el vestido con el que salió de la casa, metí mis manos debajo y cogí sus nalgas, no podía creer lo que estaba pasando.

Ella soltó un pequeño gemido, pasó su mano por atrás y me toco la entrepierna. Empezó a sobar su mano por encima de mi paquete que estaba a punto de explotar, corrí mi mano debajo de su coño y pude notar lo mojada que estaba, sorprendido quede al descubrir que no se había quitado la tanga que entró a probarse. 

Libere mi pene de mis pantalones, levante su faldita y empecé a frotar la cabeza  de mi miembro en la entraba de su húmedo coño. Sus gemidos se intensificaron y le tape la boca con la mano para evitar que haga ruido, yo estaba muriendo y ella jadeaba de placer con mi mano en su boca. 

La fricción se hacía más intensa hasta que entre gemidos dijo: Métemela.

No esperé más y se la metí completa, mi pene entró entero, estaba empapada, gemía y podía sentir como las paredes de su coño me apretaban la verga, era la gloria.

 Liberé su boca y la cogí con las dos manos de la cintura, arremetí con más fuerza mientras que ella se tapaba la boca, estaba vez con sus propias manos, para acallar los gemidos. Mis manos intentaban abarcar su inmenso trasero, lo apretaba y cogía con saña, era un vicio. De un momento a otro se la saqué, me arrodillé con mi cara a la altura de su culo, le pedí que separase sus nalgas y quede impactado cuando vi su pequeño coño mojadito, dilatado por mi verga.

Aparentemente no lo había usado en mucho tiempo por lo apretado que estaba, metí mi cara entre sus piernas y empecé a lamer su vagina, ella con una mano en cada nalga, las separaba bien para facilitarme la tarea, al tiempo que se mordía los labios, subí mi lengua hasta el pequeño hoyito de su ano, me pareció increíble como un mega culo  prieto como el de ella podría tener un ano tan chiquito.

Era fácil de deducir que nunca se lo habían estrenado, metí mi lengua y ella se tensó, me dijo:

– No, nunca me han hecho eso, nunca me han tocado allí.

Hice caso omiso e intensifique el lengüeteo, retire mi boca e introduje un dedo, prácticamente casi me lo amputa por lo cerrado que estaba. No podía esperar a rompérselo, me incorporé, apunte la cabeza de mi pene hacia su entrada y al sentir el roce de mi glande en su esfínter, me detuvo, me prometió que me lo entregaría, pero no ahora, que por favor me destruya el coño.

Me pareció justo, apunté mi miembro a su estrecha vagina, que seguía inundada de sus jugos y se lo empujé de un sopetón. Dejo escapar un grito y comencé la faena con más fuerza, ella se estaba corriendo, note como apretaba su coño, prácticamente me estaba estrangulando, nunca había sentido tanta presión, ni si quiera cuando se corría mi mujer, la cogí de la cintura y empecé a eyacular como bestia dentro del coño de mi suegra, fue un corridon, largas cargas de semen llenaron su vagina empezando a escapar por su entrepierna. Estábamos exhaustos, deje mi verga en su interior hasta que perdí ls erección. Escuchamos voces afuera, era la policía, rápidamente se subió la tanga, se bajó el vestido, yo me arregle el pantalón, y salimos.

Todo estaba controlado, los ladrones en el piso y nosotros salimos felices como una pareja de la mano. Yo cargando sus bolsas con más lencería y ella llevando mi semen en su vagina.

Así empezó una increíble relación con mi suegra.

Aún debo contar cómo es que le rompí ese mega culo que tiene. Les debo esa historia


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