El jefe de mi madre


Hola a todos, os voy a contar un suceso que sea de vuestro agrado. Para empezar os voy a presentar a mi madre. Se llama Paloma y tiene 46 años, viuda desde hace 9,  con muy buen tipo y un pecho bastante generoso, que para su edad y pese a su tamaño, todavía lo tiene muy bien puesto. Yo me llamo Manuel, tengo 21 años, estudiante y  tengo una relación muy buena con mi madre.

Ella Trabaja en una correduría de seguros bastante fuerte del sector desde hace más de 10 años y siempre ha ido contenta a ejercer su trabajo. Se llevaba muy bien con los compañeros, incluso con sus jefes, ya que asiduamente quedaban para salir de fiesta, comidas en restaurantes de vez en cuando e invitaciones para tomar algo en sus respectivos cumpleaños.

Pero dese hace más o menos un par de años, la empresa hizo regulación de empleo y muchos de sus compañeros se fueron a la calle. A raíz de eso, el ambiente de la empresa fue de mal en peor. El trabajo de las personas que se quedaron empeoro de forma exponencial, incluido el de mi madre, que no daba abasto con todo lo que tenía que hacer y eso hizo que el buen ambiente que había se fue perdiendo hasta el punto de todos estuviesen  estresados.

 Al ver que mi madre venia cada vez más tarde a casa por las horas extras que tenía que hacer y cada vez de peor humor, el jueves  se me ocurrió invitarla a comer al día siguiente,  aprovechando que en la empresa los viernes no se trabaja por la tarde y así trataría que se animase un poco.

A mi madre le hizo mucha ilusión mi invitación, y me dijo que fuese a buscarla al trabajo y desde allí, nos iríamos a comer. Tal y como quedamos, al dia siguiente fui a la empresa donde trabaja cerca de la hora de cerrar. Al llegar, la recepcionista me dijo que mi madre estaba visitando a unos clientes y que estaría a punto de llegar. Yo aproveche para saludar a sus compañeros que conocía ya de muchos años y estuve hablando con ellos unos minutos. Pero enseguida llego la hora de irse y se fueron marchando poco a poco de fin de semana hasta que me quede solo con la chica de recepción.

–          Oye Raúl, me voy a ir yo también. si quieres esperarla en esta sala que hay televisión, lo puedes hacer.   –  Me dijo

–          ¿Me dejas aquí  solo?  – le conteste riéndome.

–          Que va, te dejo con el jefe, que está en su despacho con un humor de perros. ¿no le has visto?

–          Bah, paso de verle. Y si esta de mal humor menos  – le conteste riéndome. – mejor espero a mi madre en esa sala.

Me metí en la sala y me puse la televisión a esperarla. A los veinte minutos o por ahí, oí llegar a mi madre y tarde unos cuantos segundos en salir de la sala y cuando lo hice, vi como mi madre había recorrido el pasillo que llevaba al despacho del jefe.

Mientras me acercaba donde  estaban ellos, oí gritar al jefe.       

–          ¿Que no lo has conseguido traer como cliente a la empresa?

–          Lo siento pero…. – contesto mi madre hasta que enseguida la corto.

–          Ni lo siento ni ostias, no vales para nada Paloma.

Se hizo un breve silencio mientras yo me quede en el pasillo sin saber qué hacer.

–          No entiendo como no consigues clientes con ese cuerpo que tienes. Si te los tienes que follar, pues lo haces y punto. – le dijo el jefe gritando

–          No todos son como usted…. –contesto mi madre.

–          ¿Ah sí? Pues cuando te comiste mi polla para que no te echase no tenías esos remordimientos.

 En ese instante me coloque sin que se diesen cuenta en el despacho de al lado. Los despachos tenían las paredes de cristal y me escondí detrás de un mueble y los podía ver con total claridad. Mi madre estaba sentada en un sillón mientras el jefe estaba depie apoyado en su mesa, mirándola desafiante. Mi madre iba vestida con una falda y una camisa y estaba mirando al suelo aguantando la bronca.

–          ¿Qué? ¿no contestas a eso? – siguió insistiendo su jefe – pues a mí me parecía que lo hiciste con mucho gusto.

Mi madre permaneció callada mientras él se ponía una copa. Una vez puesta, dio un trago y se sentó al lado de mi madre, bastante más tranquilo.

–          ¿te acuerdas de ese día Paloma? – pregunto con una sonrisa y poniéndole una mano en la rodilla

–          Si – contesto mi madre en voz baja y con la cabeza gacha.

–          Te acuerdas que después de hacerme la mamada me prometiste echar un polvo un día?

En ese momento mi madre levanto la cabeza y le miro a su jefe con cara de enfadada.

–          Eso no sé porque lo dije Arturo – que es así como se llama el jefe. – tal vez sería por las copas que me tome antes o yo que sé, pero no lo decía en serio.

Arturo se empezó a reír y la mano que tenía en la rodilla de mi madre, la empezó a bajar por dentro de la falda. Ella la aparto enseguida e hizo intención de levantarse, pero Arturo la sujeto con fuerza haciéndola  que se quedase nuevamente en el sillón.

–          Venga Paloma, si quieres seguir en esta empresa ya sabes lo que tienes que hacer

–          Pero es que… – dijo mi madre balbuceando.

–          Tú no te preocupes, lo único que tienes que hacer es dejarme a mí. Pasamos un rato agradable los dos, yo me contento y tú mantienes tu trabajo.

Nada más decir eso, Arturo volvió a ponerle la mano en la rodilla y fue bajándola por la parte interna del muslo, hasta que supongo llego hasta el coño, ya que  mi madre pego un pequeño respingo.

–          Ya verás que bien lo pasamos.

Acto seguido se acercó a mi madre y empezó a besarla en la boca mientras que la mano que tenía en el coño, empezó a moverla rítmicamente. Mi madre no hacía nada por impedirlo, lo único, cerraba las piernas fuertemente para intentar que él se pudiese manejar libremente. Poco después, saco esa mano y empezó a sobarla las tetas por encima de la camisa mientras dejaba de besarla y se pasaba a lamerle el cuello y el escote.

–          Joder que tetas tienes puta. Quítate la camisa.

–          Arturo por favor, esto no está bien. – dijo mi madre en voz baja y avergonzada.

–          Cállate y hazme caso coño – contesto enfadado.

Esta se lo pensó un rato y viendo que Arturo no cedía, empezó a desabrocharse los botones de la camisa lentamente. Cuando se desabrocho el último, se la quitó dejando ver sus voluminosas tetas dentro de un sujetador negro.

–          Madre mía que tetas tienes zorra.

Nada más decir eso, se abalanzo sobre ellas y empezó a estrujarlas y a chuparlas como un poseso mientras le bajaba las copas para poder comerle los pezones. Mi madre empezó a retorcerse, intentando soltarse de él y a gemir de dolor ante los chupetones y apretones a los que era sometida.

–          ¡Para Arturo por favor!

Pero Arturo hacia caso omiso, metiendo más a fondo la cabeza entre las tetas. De repente, Arturo se separó de mi madre y sentado en el sillón, se desabrochó el cinturón y los pantalones y se los quito, calzoncillo incluido, dejando al aire su polla ya tiesa como una bandera.

–          Venga, empieza a chupármela puta.

Mi madre se quedó inmóvil mirándole la polla, sin gesticular ni decir absolutamente nada, tapándose las tetas como podía con las manos.

–          ¿estas sorda o qué? – le dijo Arturo con voz desafiante – ¡venga coño!

Entonces le cogió por el cuello y la hizo inclinarse de un movimiento brusco, dejando los labios de mi madre pegando con su polla.

–          Que no es la primera vez que te la comes ostia.

Esta vez mi madre  obedeció al instante y empezó a chupársela despacio, metiéndose poco más del capullo en la boca, mientras Arturo se recostaba en el sillón y cerraba los ojos.

–          Ves puta como no es tan difícil.

Enseguida el ritmo que llevaba mi madre en la mamada no era de su gusto, y le puso la mano en la cabeza y empezó a empujarla para abajo, haciendo que se la metiese más adentro y a una velocidad más rápida. Mi madre pareció que no le importaba demasiado y aguanto las embestidas sin problemas durante los dos minutos que la tuvo así.

Pasado ese tiempo, Arturo levanto la cabeza de mi madre tirándole de los pelos y después de darle un morreo en a boca. Después, sin soltarla de los pelos, la llevo hacia una mesa enorme de madera.

–          Venga, te voy a enseñar a ganar clientes

–          Por favor Arturo, ¿de verdad me vas a obligar a hacer esto? – dijo mi madre con voz angustiada.

Arturo no la hizo ni caso, la dio la vuelta y la empujo contra la mesa dejándola con el culo en pompa. Después le desabrocho a falda y de un tirón fuerte, se la bajo con bragas incluidas. Segundos después, encaro la polla con el coño y se la metió sin que mi madre pusiese resistencia. Ella soltó un leve gemido y aguanto unos instantes sin hacer el más mínimo ruido. Mientras, Arturo se terminada de desnudar quitándose la camisa, mientras la follaba a un ritmo suave. Pero nada más quedarse desnudo, cogió del pelo a mi madre con una mano, le echo a cabeza para atrás, y empezó a follarla en plan salvaje mientras que con la otra mano le cogía una teta. Aquí mi madre empezó a gritar como una loca, poniendo cara de dolor por los tirones de pelo y las fuertes sacudidas que le daba Arturo. Por suerte, solo estuvo medio minuto a ese ritmo, y enseguida aflojo para follarla a un ritmo más normal, soltándole el pelo y le comenzó a tocar las tetas con las dos manos. Mi madre gemía de placer aunque su cara no lo demostrase, mientras Arturo le manoseaba la espalda y el culo y de vez en cuando se inclinaba para besarla el cuello.

–          ¡qué cuerpo tienes zorra!

–          Eres un hijo de puta Arturo – dijo mi madre enfadada y con gestos mitad dolor y placer.

Arturo se empezó a reír y retirándose de mi madre la ordeno.

–          Túmbate boca arriba en la mesa

Mi madre le obedeció sin rechistar y se tumbó como le dijo. Tenía el cuerpo empapado en sudor, resaltando más si cabe sus curvas, en especial las tetas, que se la veían un poco rojas por los apretones que habían sufrido. Arturo se puso entre las piernas y después de sacudírsela un par de veces, se la metió por el coño. Ella soltó un larguísimo suspiro mientras él se inclinó para chuparle las tetas a la vez que la follaba suavemente. Aquí mi madre parecía ya disfrutar de la sesión de sexo y la rigidez que tuvo al principio  desapareció por completo, tocándose las tetas y masajeándolas cuando Arturo se las dejaba de manosear.

–          ¿te está gustando eh zorra?

Ella no contesto, mientras Arturo seguía follandola con una sonrisa sabiendo que si estaba disfrutando. Entonces de repente, mi madre, que durante todo el polvo tuvo los ojos cerrados, los abrió como platos y empezó a gemir muy alto y a moverse sobre la mesa.

–          ¿ves cómo te gusta puta? – dijo Arturo incrementando el ritmo de sus sacudidas.

Con mi madre retorciéndose de placer sobre la mesa,  Arturo pego sus piernas sobre su torso  empezó a follarla muy duro. Las tetas se movían de una manera bestial, mientras mi madre se llevaba las manos a la cabeza y gritaba como una loca dando por hecho que estaba teniendo un orgasmo brutal.

–          Te voy a rellenar con mi leche zorra. – grito Arturo apretando los dientes por el esfuerzo que estaba haciendo.

–          No, por favor, dentro no – contesto mi madre entre jadeos.

Arturo soltó una carcajada  e incremento más si cabe el ritmo, hasta que segundos después saco la polla del coño. De un movimiento brusco, cogió a mi madre de los pelos y la bajo con fuerza de la mesa, obligándola a ponerse de rodillas en el suelo.

–          Chúpamela puta.

Sin soltarla del pelo, se la metió en la boca obligándola a metérsela entera. Estaban empapados en sudor, con mi madre atragantándose al tenerla toda dentro. Tan solo unos segundos después, Arturo saco la polla y empezó a meneársela enfrente de la cara de mi madre.

–          Cógete las tetas y abre la boca pedazo de puta.

Nada más hacerlo, Arturo empezó a correrse. Soltó un par de trallazos sobre la cara de mi madre y otro par más pequeños sobre las tetas. Cuando termino de soltar lefa, se la metió un par de segundos en la boca y después se tumbó exhausto en el sofá, dejando a mi madre en el suelo de rodillas.

–          ¿Vaya pedazo de polvo que hemos echado eh?

Mi madre no le contesto, mientras se quitaba con una mano restos de lefa de los labios y se extendía la leche de las tetas con la otra. Después de unos segundos, levanto la cabeza y con cara de enfadada, le dijo a Arturo.

–          Eres un hijo de puta

–          Puede ser, pero te he echado un polvo que te mueres. – dijo riéndose y tirándole una caja de pañuelos al lado suyo. – anda, límpiate, que vas a poner todo perdido.

Mi madre se limpió un poco por encima y después se levantó del suelo. Cogió su ropa y le dijo.

–          Voy a limpiarme al baño

Arturo vio cómo se marchaba y segundos después fue tras ella para hacer lo mismo. En ese momento, aproveche y salí de la empresa, quedándome en la calle a esperar que saliese mi madre. En ese rato, intentaba reponerme por lo que había visto. Estaba súper cachondo pero a la vez sentía unas ganas terribles de dar una paliza a Arturo. A los 20 minutos, mi madre bajo a toda prisa y al verme me dijo.

–          Perdona cariño, ¿llevas mucho esperando?

–          No tranquila, solo llevo 5 minutos

–          Menos mal, porque al final se me ha hecho tarde por unos papeleos. ¿A dónde vas a llevar a tu madre a comer?

Yo alucine al ver a mi madre tan entera y como si no hubiese pasado nada,  sin decir nada más, nos fuimos directos al restaurante


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