El repartidor * Relato sexo con maduras


Este es mi primer relato en la página aunque hace tiempo que la leo, e imagino mis fantasías sexuales como si las redactase, ahora finalmente me animo a redactar una, y estoy abierto a consejos y demás.

Es una historia que parte de un hecho que sí ocurrió, el encuentro con esta mujer repartiendo dicha revista en una cierta ciudad del litoral valenciano, pero sin la parte que ocurre más alla de la transacción.

 

 

Mi descripción puede ser una buena introducción a esta historia: soy un chico en la veintena de complexión bastante considerable en altura y espalda, rubio de ojos azules. Hace tiempo que busco una aventura con una mujer madura y de ahí que cuando esa mujer de voz dulce y mirada brillante me abrió la puerta una tarde de domingo, me costó arrancar con la propuesta de venta de la revista que llevaba.

 

 

Era una mujer que apenas pasaba los 40, algo más baja que yo y de una amplía sonrisa y mirada brillante, bastante delgada aunque la curva que hacían sus caderas dejaba intuir un culo redondito y en forma, pero lo que distrajo mi mente fueron 2 pequeños pero remarcables senos que sin sostén bailaban suavemente bajo la fina camiseta que los cubría, además 2 suaves pronunciaciones evidenciaban los pequeños pezones que coronoban sus pechos. Pese a sentir como mi imaginación empezaba a volar al ver aquellos seductores balanceos, le hice la propuesta a María (así la llamaremos):

+Nietzche: Muy buenas estamos pasando con esta revista de un grupo cultural en una campaña especial sobre el centro de África, que le parece?

-María: Hola, pues verás es que me pillas a punto de acostarme -mientras decía esto se había apoyado sobre la puerta como tratando de cubrir su pecho libre de ataduras pero solo remarcó la ausencia de un sujetador que escondiese sus pezones- y aunque me interesa, sólo quiero ir a la cama ahora…  Dijo con una voz suave que escondía una nota de seducción.

Sonreí de manera comprensiva pero percibida su sutil nota cambié mi registro de voz al que uso para seducir a alguna muchacha que me interesa

+Vale, el trámite es muy rápido, si le interesa sólo compre la revista y ya mañana la lee tranquila y ahora puede ir a la cama, se vende a partir del euro, qué me dice?

**Mientras yo hablaba se había separado un poco de la puerta dejando a sus pechos de nuevo libres al balanceo ante mi mirada que intentaba no desviarse mucho de sus ojos para que no se alarmase

-Bueno va, a ver que encuentro… y deja de tratarme de usted que yo aún me siento muy joven -y mientras dijo esto, sus labios se tornaron en una pícara sonrisa-

Cuando se dio la vuelta pude confirmar mi suposición sobre lo apetecible de su culo que lucía eminentemente marcado bajo el pantalon corto que llevaba.

Mi imaginación voló otra vez y empecé a sentir una erección en mi pantalón, si desde que había visto aquellos dos pequeños botones bajo la camiseta ya la tenia morcillona, con la sangre a punto en el músculo para hinchar las venas y endurecer todo mi miembro poniendo a prueba el pantalón, ahora sentía el torrente latente a lo largo y grueso del mismo, hinchando este con venas como oleoductos que hacía que la presión me llegara a doler.

Me perdí pensando en levantarle aquella camiseta para lamer suavemente los pequeños botones rosados que me apuntaban mientras hablábamos, con ella estrechandome contra su pecho desnudo, tan perfecto…

En ese momento volvió a aparecer desde detrás de la puerta con la moneda en la mano, pero ahí si que no pude mirar a otra parte: sus pezones estaban ahora más erectos que antes, las suaves pronunciaciones se habían convertido en dos prominentes bultos que eran rodeados por una abultada aureola que ahora también se marcaba, dejando nada a la imaginación sobre aquellos senos que otra vez venían hacía mí en un suave balanceo hipnótico.

Fue demasiado para mí, en el momento en que había ido a por dinero era evidente que algo había recorrido su cuerpo también y se manifestaba en sus pechos, cuando la vi así decidí que iba a acostarme con ella.

-Te doy esto y ya está verdad?-mientras se acercaba pude ver como su mirada bajaba sutilmente a mi entrepierna y fugazmente cambiaba de expresión al ver la estampa entorno a mi bragueta

+Mmmm sí -volví de mis reflexiones y centre mi vista de nuevo en sus ojos- aunque voy a romper mi promesa y lo voy alargar para proponerte que vengas a alguno de nuestros actos -serían el momento perfecto para un mejor acercamiento- son en horario de tardes y sólo necesitaré tu contacto telefónico.

-Vaya me encantaría ir pero ando muy liada por las tardes… Pero si quieres, puedes venir una mañana a explicarme más detalladamente aquello que hagáis…- y cuando dijo eso la nota de seducción se dejó ver ahora plenamente

No me lo podía creer! Esto era infinitamente mejor que tratar de seducirla en en local, además la propuesta que me hacia no dejaba lugar a dudas.

+Perfecto, mañana por la mañana no hago nada, así que vendre a detallartelo encantado.

-Mañana nos vemos entonces-y cerró con una sonrisa que a pícara, ridiculizaba la anterior.

 

 

A la mañana siguiente me levanté como una rosa, fresco y enérgico, desayuné, me prepare, y salí para allá, por el camino empecé a imaginar los muchos escenarios por los que aquello acaba en un ridículo y un calentón desahogado en casa pero me force a relajarme, pensar otras cosas y cuando me quise dar cuenta estaba frente a su puerta. Llamé.

Me abrió llevando un vestido blanco con un ligero escote que mostraba la turgencia de sus senos que ayer me reservó la camiseta, de nuevo iba sin sujetador y el suave baile de los pechos en el vestido junto con el escote hacía parecer que iban a salirse en cualquier momento dejando aquellas preciosas cumbres a la vista, además la ligera transparencia del vestido dejaba entrever algo más de sus pezones que de nuevo se dejaban ver como suves bultos.

En la falda el vestido se hacia aún más transparente, dejando intuir la prenda de ropa interior que había elegido para la ocasión, me deshice de excitación imaginando su tanga de encaje. Con lo que me excitaba esa imagen mi mente disparó mil maneras de hacerle el amor ahí mismo, en la entrada de la casa, y mi pene empezó a reclamar la sangre que necesitaba para cumplir con mis impulsos más primitivos, hinchándose como hiciera la tarde anterior.

Ella me miró de arriba abajo con una oportuna parada a la altura de mi bragueta que ya había empezado a abultarse y con una sonrisa y un gesto de su mano me invitó a pasar

-María: Hola, pasa pasa -dijo mientras se daba la vuelta sosteniendome la mirada para finalmente emprender el pasillo hacia el salón- he preparado un poco de picoteo ¿te gusta el vino tinto?

+Nietzche: Hola, pues sí, suelo comer con una copa.

-Estupendo, pues este te encantará.

Mientas andábamos ella mantenia la vista al frente y yo aproveché para escanearla por la espalda de arriba abajo, hasta que quedé embelesado por su culo respingon completamente visible bajo las transparencias del vestido, coronado en su perfección por la sensual pieza de encaje que efectivamente era un tanga muy fino entorno a su cintura.

 

 

Nos sentamos en el sofá muy cerca el uno del otro, fuimos introduciéndonos el uno al otro mientras el vino bajaba de la botella y subía en nuestros cuerpos, desinhibiendo nuestras mentes y aproximando nuestro contacto físico, ahora estábamos tan juntos que su pecho derecho ya se conocía con mi ante brazo de sobra y nuestras piernas amistaban tranquilamente mientras charlábamos.

Con la conversación averigüé que era madre soltera y que los horarios del trabajo y del peque le habían impedido acercarse a algún hombre desde su divorcio, lo cual le era muy duro porque, palabras textuales, ella era una mujer que buscaba el disfrute desde la juventud

Y con esta piedra angular tercié la conversación a las “experiencias de disfrute” de cada uno, dando lugar a un momento divertido que acabó soltando nuestras mentes para calentar la situación, cuando quisimos darnos cuenta los brazos de cada uno ya recorrían distintas partes del cuerpo del otro, la temperatura de nuestra piel retroalimentaba el fuego que sentíamos en el pecho y que en ella era tan visible con aquellos endurecidos bultos bajo el vestido y la aureolas marcadas eminentemente, que eran transparentadas bajo efecto de la luz que entraba. No podía parar de mirar fugazmente aquellos pezones que se erguían desafiantes frente a mí, retandome a comerlos de inmediato, y ella se dió cuenta em varias ocasiones, entonces, miraba mi bragueta para deleitarse con la reacción que causaba y se acercaba un poco más a mí.

En esas estábamos cuando le conté como encendí sexualmente a una amiga jugando con mi lengua en su oreja, una historia que quizás cuente otro día, mientras hablábamos su curiosidad exigió una prueba así que la acerqué tirando de ella por la cintura. Me deslicé suavemente con los labios desde su clavícula subiendo por el cuello hasta la oreja. Con la lengua empecé a recorrer el lóbulo y lo envolvi con los labios. Mientras le daba suaves mordisquitos sentía su respiración acelerarse, sus manos se posaban en mi espalda y en mi pecho recorriendo mi torso marcado por la camisa. Comencé a deslizar una mano hacia su pecho para acariciarlo, después empecé a pellizcar suavemente sus pezones por encima del vestido y la otra mano la introduje entre sus piernas que se abrieron gustosamente a mi avance.

Cuando alcancé a rozar el tanguita ya estaba húmedo, froté con la yema de los dedos los labios de su vagina mientras sentía más flujo emanar de su interior. Finalmente hice a un lado el tanga e introduje dos dedos en su cavidad más íntima, suavemente me deslicé por su cálido interior rugoso mientras ella me abrazaba y empezaba a gemir, nos habíamos besado ya apasionadamente enredando nuestras lenguas repetidamente y ahora nuestros labios se separaban una escasa distancia sintiendo nuestra respiración acelerada.

Seguí penetrándola con mis dedos, sacandolos eventualmente para recorrer su exterior buscando el clítoris, que frotaba suavemente entre sus estremecimientos de placer. Ahora ella desabrochaba mi pantalón que difícilmente contenía mi pene erecto y completamente endurecido, con una mano me deslizó el calzoncillo para agarrarlo y empezar a masajearlo arriba y abajo.

Empecé a sentir como me masturbaba y aceleré el ritmo de mi movimiento con los dedos cuando frotaba cada pliegue de aquel coño húmedo, buscando el mayor estímulo desde el interior de ella misma. Sus gemidos continuaron elevándose en fuerza y periodicidad y ella también aceleró el ritmo de su brazo en mi pene, pero justo cuando empecé a sentir que me corria ella pegó un sobresalto y dejo escapar un grito en el momento en que alcanzaba el clímax, con mi mano aún dentro de ella casi hasta los nudillos de mis dedos anular e índice.

Tras unos breves instantes se destensó dejando escapar un suspiro de alivio y me miró sonriendo.

-hacía mucho que no me tocaban así, ni mi marido me había sacado un orgasmo así, ahora déjame recompensarte.

Tras decir eso se levantó frente a mi y se llevó las manos a los tirantes del vestido, tiró suavemente de ellos para quedar sólo con el tanga frente a mi atenta mirada. Sus pechos desnudos apuntaban a la ventana tras el sofá en una caída perfecta aún con su edad, sus pezones en máxima erección invitaban a ser devorados vivamente. Con el tanga aún descolocado entorno a su chorreante vagina, se acercó a mí y se colocó encima, terminó de desabrochar mi pantalón y continuó quitándome la camisa.

Empezó a desvestirme con extrema delicadez y erotismo en cada movimiento, en cada roce con mi piel, dejando leves recuerdos de sus manos en mi pene hinchado de sangre que pedía entrar en acción.

Cuando sólo quedaban mis calzoncillos se arrodilló frente a mí y con suavidad acercó sus labios a mi glande. Jugueteó con él en la entrada de su boca y le dió pequeñas lamidas hasta que empezó a envolverlo entero, con una destreza soprendente me quitó los calzoncillos sin dejar de chupar ni un momento, haciéndome una de las mejores felaciones que me han hecho, se notaba el ser una mujer de disfrute, cómo con su lengua acariciaba mi pene de la base hasta el glande haciendo hincapié sobre el mismo con la punta de la lengua para sacarme los mayores suspiros de gusto y poco después sentí de nuevo que me corría, le avisé de que venía para evitar malos tragos pero ni se inmutó, continuó mamando con paciencia hasta que me vació entero y cuando acabé en su boca lo recibió con una expresión de satisfacción y sin preocuparse, y tragó cada chorro de leche que derrame a presión dentro de ella, hasta que no tuve más. Entonces me miró y sonrío al ver mi expresión de placer desplomado sobre el sofá.

En ese momento se levantó y se sentó sobre mí, los labios de su vagina descansaban suavemente sobre mi pene ahora flacido tras la descarga. Empezó a besarme mientras recorria mi torso con sus manos. Aún tenía ganas de más así que empezó a hacer suaves movimientos con sus caderas sobre mi pene, enseguida noté el calor subiendo otra vez.

Comencé a besar sus pechos, su maduros pezones endurecidos por haber amamantado a un hijo y fuertemente erectos por el ritual de pasión que teníamos entre manos, el roce de esos garbanzos rosados con mi lengua me excitaba más y más mientras mi cuerpo entendía que la batalla aún no había acabado, el roce de su húmedos labios exteriores había puesto otra vez todo en marcha hacia otra erección, bendita juventud, en poco mi pene estaba de nuevo listo, recorrido por un torrente de venas que endurecían su gruesa musculatura.

-Como me gusta tu polla, es bien gorda, y sólo la estoy sintiendo por fuera.

+Pues métela, introduceme en ti y siéntela como quiero sentir yo tu coño envolviéndome.

En ese momento se levantó del sofá para quitarse definitivamente el tanga y se volvió a posar sobre mí, pero esta vez agarró mi pene con la mano y lo llevó a la entrada de su vagina, acarició toda su entrada con la punta del mismo muy suavement, llegando a tontear con su clítoris brevemente y entonces se lo introdujo poco a poco.

La humedad de sus flujos permitió que entrara sin resistencia hasta el fondo, cubriéndome hasta mis cojones que ahora se enamoraban de sus nalgas, tersas y respingonas, recorrían suavemente la zona de mi entrepierna mientras movía la cadera alante y atrás.

Era una sensación espectacular, su cavidad era tan apretadita y cálida que cada centímetro de mi pene era estimulado en ese movimiento propio del mejor profesional de la hípica.

Empezó a gemir más y más mientras subía el ritmo y alternaba las cabalgadas desde la cadera con saltos ayudándose de los muslos que buscaban exprimirme como a una naranja, en el ajetreo de aquel baile carnal sus pechos no paraban de botar y moverse vibrando en un movimiento de puro erotismo, no podía apartar la vista de sus pezones que, siempre que su chocho apretado me lo permitia y no me estremecia de placer, deboraba avidamente a lametazos y delicados mordiscos.

Sus movimientos de pasional entrega se alternaban con momentos de relativa calma donde bajaba el ritmo para respirar entre gemido y gemido, entonces se llevaba una mano al pelo en exclamación de desahogo y placer y otra a los pechos para pellicarse suavemente los pezones, en esos momentos yo usaba mi dedo pulgar para buscar su clítoris hinchado por la excitación y masajearlo haciendo que se retorciese de placer mientras sentía en su interior el grosor y la dureza de mi rabo. Retomó de nuevo el ritmo galopante mientras le masajeaba aquel punto de máxima acumulación nerviosa, sus gemidos se tornaron en gritos y empezó a agitarse más y más, empezó a saltar sobre mí como si fuera a salir disparada en cualquier momento y mientras me puso las manos en los hombros sentí que empezaba a correrme, las contracciones de su coño me demostraban lo cerca que estaba ella y aceleraron mi proceso así que me esmere con su clítoris mientras ella me montaba furiosamenre y gritaba:

– Dioss siiii, me estoy viniendo, me estoy viniendo, correte en miii!!

Y en ese momento los dos alcanzamos el clímax, ella tuvo una serie de contracciones espectaculares que la recorrían desde la pelvis hasta el pecho, mientras el ritmo de la cabalgada aminoraba rápida pero plancenteramente y yo sentí que se iba cada gota de semen que quedaba en mí en unos tremendos chorros de los que dejé hasta la última gota dentro de ella.

Cuando nuestros cuerpos se relajaron completamente nos quedamos así sentados como estábamos. Ella apoyada con la cabeza sobre mi hombro y abrazada a mi cuello, con su chochito emanante de la mezcla de flujos del placer de ambos, que recorría mis pelotas hasta el sofá. Y yo abrazado a su cintura hasta llegar a su culo con una mano y con la otra aún en su clítoris.

Poco después nos dimos una ducha juntos donde no falto otra sesión de sexo contra la mampara de la misma. Y finalmente nos despedimos intercambiando los teléfonos para que cuando llegue otra edición de la revista, se la pueda llevar yo personalmente a casa a la hora más oportuna


Compartir