sexo con una novia

El vestido de novia – infidelidades


Mi nombre es Lucia, tengo actualmente 45 años, y todos me dicen que muy bien llevados.

Esta historia me ocurrió cuando me preparaba para la que sería mi boda.

Ya había estado viviendo con un novio durante más de 12 años, pero nos separamos por diversos motivos, entre ellos, por el hecho de que yo no podía tener hijos, puesto que de pequeña tuve un accidente y debido a las radiografías que tuvieron que tomarme por la zona de la pelvis, me dejaron estéril.

La verdad es que, aunque me cuido y voy al gimnasio. Me encontraba muy estresada, con los preparativos de la boda y todo lo demás, el ritmo de vida que llevaba me dejaba todos los días agotada, además de que me estaba encargando yo sola de la boda porque el que va a ser mi marido, está todo el día trabajando, pese a que todavía tenía energías, pues con sólo 39 añitos, me conservaba muy bien y hacía bastante ejercicio, el día a día estaba acabando conmigo

Mi marido trabajaba durante todo el día, por las noches apenas lo veía, y eso se notaba en el tren de vida que llevábamos, chalet en las afueras, dos coches, gastos por todo lo alto… no me podía quejar, aunque de vez en cuando me apetecía hacer cosas y me buscaba algún trabajo que me diese para algunos caprichillos.

Como no podía ser de otra manera, el traje de bodas era por encargo, a una modista francesa, la cual tenía una pequeña tienda en la ciudad, donde te tomaban las medidas, y ella componía el vestido en Francia. Sí, todo muy de adinerados.

Después de tomarme las medidas principales para el traje tuve que ir varias veces a hacerme pruebas y es que, con tanto estrés, no paraba de ganar y perder kilos, y fue en una de estas toma de medidas donde sucedió lo que voy a contar.

Era jueves, uno de estos días antes de un viernes festivo, y ya no quedaba casi nadie trabajando, ya que estábamos casi en verano, los días soleados venían unos detrás de otros, y la gente los aprovechaba.

Llegué a la tienda sobre las 5 de la tarde, ninguna de mis amigas me pudo acompañar porque, entre las que se iban de fin de semana, y las que tenían que preparar a sus hijos, pues me encontré sola, aunque no me importó, así descansaba de ellas también, porque de lo único que hablaban era de mi boda, y ya estaba bastante colapsada.

Al entrar, el aire acondicionado me golpeó, llenándome de frescor y, como siempre, Silvia, la recepcionista, me traía una copa de champán, para refrescarme.

– Buenas tardes, Lucia- me dijo- Bienvenida de nuevo

– Gracias, Viki, ¿qué tal el día?

– Pues aunque hemos notado el bajón por el fin de semana, no hemos parado en todo el día- me dijo muy diplomáticamente- Pasa al probador cuatro, Edna no está, pero te atenderá Alí.

Edna era la encargada de tomarme las medidas, ya casi se las sabía al detalle, y la prueba de hoy tenía que ser con la lencería puesta, para comprobar que no se marcara nada.

Me daba pena que Edna no estuviera, era una señora de unos 50 años, pero era muy divertida, y siempre tenía anécdotas picantes que me hacían pasar el rato bastante bien. No conocía a esa tal Alí, pero me daba igual, tenía ganas de acabar con ello.

Entré en el vestidor, y comencé a desnudarme, de una bolsa que llevaba, comencé a sacar la lencería que tenía preparada para ese día, todo era blanco, como no podía ser de otra manera, y constaba de unas medias, un ligero con encaje, unas braguitas de satén, y un sostén que me cubría hasta el pezón, dejando casi todo mi pecho al aire.

Me puse las medias y el liguero, aunque no me lo quise atar hasta que estuvieran las braguitas puestas. Me incliné hasta abajo, para ponerme las medias.

Gracias al gimnasio tenía bastante elasticidad, y me estaba poniendo la braguita por uno de los pies, entonces escuché el ruido de la puerta del vestidor, y me di cuenta del espectáculo que estaba dando, pues tenía todo el culo apuntando a la puerta, y seguramente Alí me vio el coño por completo, bueno, otra anécdota más. Metí el otro pie, y comencé a subirme las braguitas, y entonces fue cuando se me vino el alma al suelo, pues en el espejo del vestidor, pude ver como una figura masculina, estaba de pie, intentando desviar la mirada.

Me di la vuelta inmediatamente, y ante mí había un chico de no más de 25 años, muy bien vestido, con un traje elegante, y un cuerpo alto y se notaba fuerte.

Yo inmediatamente me cubrí los pechos, pues todavía no tenía puesto el sujetador, e intenté esconderme, pegué un grito, y de repente el chico estiro los brazos hacia mí, y comenzó a hablar.

– Pegdonemé, Madmoiselle, no era mi intención asustagla

– ¿Quién es usted?¿Dónde está Alí?- le pregunté, todavía cubriéndome como podía

– Je suis… Pagdon, Yo soy Alí, me envían para tomarle las medidas del vestido.

Me fijé en su rostro, era moreno y de rasgos afilados, tenía acento francés, y entonces lo comprendí todo, Alí era árabe, de Francia, por el acento, y trabajaba allí. Supuse que debido al trabajo que tenía, sería gay, y eso me tranquilizó un poco.

– Disculpe- le dije- no esperaba que fuera usted un hombre, siempre me han atendido mujeres.

– Discúlpeme usted a moi- me dijo con su acento- toqué y como no contestó, no sabía si es que todavía no había llegado.

– Bueno, no se preocupe, otra anécdota más para contar a mis amigas- y empecé a reírme.

Tomé la copa de Champán, y le di otro sorbo, cogí el sujetador y me lo puse, dejando bien a la vista mis tetas, para tener buen escote.

Apenas miré al chico, me puse mirando al espejo y dije:

– Empieza

Por el espejo vi como el chico suspiraba, supongo que por el calor del momento, y sacó de uno de los bolsillos de su chaqueta un metro, y tomaba medidas de la cintura, de los muslos, y del pecho.

El chico cogió el traje, lo sacó de un perchero que había en el cuarto, y me ayudó a colocármelo.

La verdad es que el vestidor no era muy amplio, aunque se podía una mover con facilidad, estábamos muy pegados, y el traje por medio, era inevitable que Alí y yo nos rozáramos.

Una vez con el vestido puesto, Alí comenzó a mirar como quedaba, si todo estaba bien, si se notaba algo, y mientras el miraba el vestido, yo me aburría, echaba de menos las charlas con Edna.

– Dime, Alí, ¿Llevas mucho tiempo trabajando en la moda?

– Mi madge es costugega, yo de pequeño le ayudaba con la gopa, y me aprendí todo de los tgajes- me dijo, sin dejar de tocar el vestido y hacerle pequeñas marcas.

– Desde pequeñito entonces, ¿Y qué edad tienes?

– 23 años, señoga

– ¿Y de tomar medidas, cuanto tiempo llevas?

– Llevo poco tiempo, pego la gente ha quedado muy contenta con mi tgabajo- ahí estaba la diplomacia de los empleados, otra vez.

– Me alegro mucho, yo, la verdad, siempre pensé que los gays y la moda era un cliché, pero ya veo que no.

Alí se puso completamente rojo, me miraba por encima del hombro, me miró a los ojos, y yo me quedé dudando.

– Porque tú eres gay, ¿Verdad?- el color volvió a subir por sus mejillas.

– No señoga- dijo, y se escondió tras mi espalda.

Ahora era yo la que estaba completamente colorada, yo estaba medio desnuda delante de él, y me había visto todo cuando entró al vestidor, me sentía abochornada, no sabía si irme de allí corriendo, porque todo me parecía una barbaridad.

Yo continuaba callada, de la vergüenza que sentía, y Alí continuaba con su trabajo. En una de las veces que se acercó para mirarme la sisa del vestido, noté un bulto en la pierna, era algo duro, y miré hacia abajo, lo que vi me dejó más paralizada que la vergüenza que tenía.

Lo que me había rozado era su entrepierna, se notaba un bulto bastante considerable, y en ese momento me sentí excitada.

La verdad era que desde los preparativos de la boda, hace ya casi cuatro meses, no había tenido sexo. Mi futuro marido estaba ocupado, yo también y ambos cansados, con lo cual apenas nos podíamos mirar el uno al otro.

Yo quería que la tierra me tragase, estaba otra vez colorada, y me sentía rara, por una parte la vergüenza de todo lo que estaba pasando, por otro, la excitación de haber visto ese gigantesco pene.

Me tomé el champán de un trago, y creo que fue la peor decisión, puesto que me dio un pequeño mareo que me hizo perder el equilibrio. Por suerte, Alí estaba justo a mi lado, y pudo agarrarme antes de que me cayese al suelo.

Al intentar agarrarme, mi mano, a lo único que pudo asirse, fue al miembro de Alí. Supongo que le habría hecho algo de daño, pero no había bajado ni un milímetro su erección.

– ¿Está bien, madmoiselle?- preguntó diligentemente Alí.

– Si, ha sido un leve mareo, si no llega a ser porque he podido agarrarme a ti, me caigo- le dije yo- ¿Te he hecho daño?

– No se pgeocupe, madmoiselle, no ha sido nada.

Ese contacto hizo que me encendiese mas, estaba realmente excitada. Intenté subirme otra vez a la butaca de pruebas, Alí se dispuso a ayudarme, y pasó detrás mía, y noté su bulto en mi culo, se notaba a pesar del vestido.

Hice un intento de subir, y volví a caer, esta vez con mi culo en su entrepierna, ya no podía más, notaba calor por todo el cuerpo.

Me di la vuelta, y le puse la mano directamente sobre el paquete, noté como se ponía otra vez colorado.

– Me he vuelto a caer, espero no haberte hecho daño esta vez.

– No, madmoiselle.

– Bueno, pero seguro que no le vendrá mal un pequeño masaje, ¿verdad?- le decía mientras acariciaba su polla por encima del pantalón.- ¿Y esto te pasa con todas las clientas?

– No maidmoselle, solo me ha pasado con usted.

No sé si sería una grandísima mentira, puesto que a esta tienda iban mujeres más jóvenes que yo, pero decidí tomármelo como el mejor de los piropos, y de repente comencé a notar como mis flujos comenzaban a llenar mi vagina.

No sé si sería la calentura que llevaba, el susto, el piropo… pero necesitaba desfogarme, y decidí ser más clara

– Voy a quitarme el vestido porque no quiero que se estropee, dije mientras me quitaba los cierres y el vestido quedaba en el suelo. Pasé sobre él y me arrodillé delante de Alí- Hagamos lo mismo con tus pantalones

Le bajé el pantalón, y su polla saltó hacia mí como un resorte. Era una polla hermosa, larga, supongo que unos 25cm, gruesa y venosa. La cogí con la mano, apenas podía cerrarla sobre ella, y comencé a realizar una suave paja.

– Yo también voy a tener que tomarte las medidas a ti, Alí, porque esto no lo veo yo muy normal.

– Es un placer, madmoiselle.

Me arrodille, como venerando a ese Dios Polla, e intenté metérmelo en la boca. Apenas me cabía el capullo, era realmente grueso.

Me lo saque de la boca y comencé a chuparlo por toda su extensión. Con mi mano derecha comencé a sobarle los huevos, mientras que con la izquierda lo pajeaba.

No podía ver al chico, pero la dureza de su polla me lo decía todo.

Oía algún que otro suspiro, bajé mi ritmo, no quería que se corriera tan pronto.

La verdad es que era una polla hermosa, sólo había visto dos en mi vida, y la de mi actual novio, era solo la mitad que esta, y eso que era la más grande que había visto hasta entonces.

Me puse de pie, le agarré ese monstruo de carne, y me senté en el taburete de pruebas, yo creí que me la metería directamente, pero se arrodilló delante de mí, y comenzó a chupar mi coño.

Puede que fuese joven, pero sabía lo que se hacía, manejaba la lengua muy bien, me chupaba toda la longitud de la vagina, hasta llegar al clítoris, jugaba un poquito con él y metía la punta de la lengua dentro de mi coño.

Ese era su recorrido, y a mí me estaba haciendo bien. Noté como unas cuantas veces, aprovechaba mis fluidos y los llevaba con su lengua hacia mi culo.

Ese movimiento me traía loquita. Tenía el culo muy sensible, siempre lo había tenido, y parecía que este chico lo sabía.

Me corrí, le llené la boca de jugos, el orgasmo me llegó sin esperarlo, estaba muy excitada, pero él no dejó de chuparme, y a los pocos segundos me llegó otro. Estaba ahí tirada, en ropa interior, con un chico de 23 años comiéndome el coño, y me sentía en la gloria, el estrés había desaparecido.

De repente, el chico separó su boca de mi coño, y yo solté un “nooooooo”, que era el quejido de la desaprobación. Se puso delante de mí, y me besó con pasión, y entre beso y beso, noté la presión de su polla en la entrada de mi coño.

Notaba como esa polla me iba abriendo por dentro, como separaba mis carnes, y me sentía llena por completo. Él seguía empujando, poco a poco, y ya la notaba en la matriz, me sentía más que llena, y todavía empujo un poco más.

– ¡Aaaahhhh!- grité, aunque no muy fuerte- ¡Estoy llenísima de polla!

– Siiiiii, que buena putón- me dijo el francesito.

Alí había llegado hasta el fondo, y había comenzado un ligero mete-saca. Su vaivén me hacía sentir vacía cada vez que la sacaba y completamente llena cada vez que la metía.

Su polla era incansable, no paraba de entrar y salir, y en ocasiones me hacía un poco de daño, pero no me importaba, era un pequeño dolor que soportar por un gran placer que disfrutar. La polla seguía entrando y saliendo.

– Menuda polla te gastas, Alí- le dije- que suerte que hoy Edna no haya venido

– Si ha venido, pego le dije que yo quería atendegla- me dijo, mirándome a los ojos, y me besó, metiendo la lengua hasta la campanilla

– ¿Que me buscabas?

– Si- me dijo Alí- se veía de lejos que necesitaba follag

– ¡Claro que siiiiiiiiii!- mi respuesta coincidió con mi tercer orgasmo del día.

Alí se retiró de mí, cuando la sacó por completo, nuevamente se me escapó un gemido de negación, no quería que dejara de follarme, era mucho placer.

Alí tiró de mí, me puso de pie y me dio la vuelta, me inclinó sobre el asiento de acompañante, y me la volvió a clavar, esta vez de una sola estocada.

– Aaaaaggggghhhh, ¡Bruto!- le dije

– Pegga, no mienta, lo estaba desando

– Siiiiiii, le dije.

Me encontraba así, inclinada, mostrándole todo, y me acordé de cuando entro en el cuartito, me dio un poco de risa el que hubiéramos acabado igual que cuando empezamos.

Su polla continuaba entrando y saliendo, y yo cada vez me sentía más llena, daba igual cuantas veces la metiera, cada vez era como la primera, me abría entera, no sé si alguna vez me acostumbraría a una polla como esa.

– Siiiii, sigueeeeeee, fóllame hasta el fondo, lléname de leche- le pedía al chico, completamente excitada.

El seguía con su movimiento, dentro y fuera, ese monstruo me llenaba y me vaciaba, y yo ya no pude aguantar más, tuve otro orgasmo, ya llevaba cuatro, más de los que tenía en un mes con mi novio.

– Oooooohhhhhh, ¡que gustazo!

El chico no paraba, seguía entrando y saliendo, yo continuaba excitada. Me incorporé, y provoqué que la polla del chico se saliera de mi coño, ahora sí que lo noté completamente vacío.

– Alí, eres maravilloso, me has dado cuatro orgasmos, y tú no te has corrido.

– No impogta, madmoiselle, el placer es poder follagla

Yo me reí, era tan diplomático…

– No te preocupes, Alí, te voy a dar un premio, para que te corras, y para agradecerte lo que has hecho por mí.

Me volví a inclinar, y miré hacia atrás.

– Mi culo es virgen, quería dárselo a mi marido en la noche de bodas, he estado preparándome para ellos, pero quiero que la primera polla que tenga dentro sea la tuya, se lo debo por el placer que me da.

– Ggacias, madmoiselle, no se arrepentirá.

Noté como me escupía en el culo, como cogía flujo de mi coño con los dedos y los metía dentro del culo, y noté una presión. Era su enorme capullo.

La presión era cada vez más fuerte, notaba como quería entrar, pero la poca elasticidad de mi culo no le dejaba entrar del todo.

Empujó más fuerte, estaba desesperado, y yo también, por sentir esa enorme polla dentro de mí, rompiéndome. Y entonces el capullo traspasó la barrera, entró dentro de mi culo, y con él un montón de metros de polla.

– Aaaaaagggghhhhh- grité yo

– ¿Le he hecho daño?- me pregunto Alí, muy preocupado

– No pares, el culo es para que tú lo pongas a punto- y yo misma di un pequeño empujón hacia atrás, lo que hizo que la polla de Alí entrara un par de centímetros.

– Tiene usted un culo hegmoso, madmoiselle- me dijo Alí- le prometo que cuando acabe podrá usted usarlo como quiera.

El chico parecía tener experiencia en lo que hacía, metía un poco y sacaba un poco, pero no parecía que pudiese entrar, mi culo no parecía querer recibir esa hermosura.

– Espera, Alí- le dije- Sácala

Alí la sacó, y cuando el capullo abandonó mi ano, sonó un pequeño “¡PLOP!”

Yo di un respingo, el culo me ardía, notaba el filo del ano como si tuviera un montón de alfileres. Me puse de pie con un poco de dificultad, y miré hacia Alí, estaba guardándose la polla

– ¿Qué haces?¿Por qué la guardas?

– Usted me pido que la sacaga- me dijo

– Si, pero para buscar algo para que esa polla pueda entrar bien, no quiero dejar escapar la oportunidad.

El chico sonrió, y volvió a sacar su monstruosidad, yo no podía dejar de mirarla.

Fui al bolso, y busqué entre todo lo que llevaba. Encontré una crema de manos, que para el caso serviría. Me acerqué a Alí, me eché crema en las manos y, sin dejar de mirarle a los ojos, comencé a extenderla por toda su polla. La embadurnaba desde el capullo hasta la base.

Volví a inclinarme, me di con la mano en el culo, e incluso me metí un dedo, entró con muuuucha facilidad, y me agarré los cachetes del culo, ofreciendo mi ano para el sacrificio a ese Dios Polla al que ya era devota.

– Ahora, métela- dije

Alí volvió a colocar la polla en la entrada de mi culo, lo tenía muy sensible, notaba todo lo que me rozaba, y con paciencia, volvió a empujar dentro de mí.

Esta vez iba más suave, el capullo entró sin problemas, y en un momento había metido la mitad. Desde esa posición, comenzó con su movimiento de caderas, dando el ritmo que a mi tanto me gustaba.

– Ya ha entgado toda, madmoiselle- me dijo- es usted toda una campeona, es la pgimega pegsona a la que le he podido meteg toda mi polla.

Eso me hizo sentirme orgullosa de mi misma, me sentía estupendamente, por dentro, por fuera, y dentro de mis intestinos.

Alí continuaba metiendo y sacando toda la polla, yo la notaba en cada movimiento, no paraba de gemir.

– Oooooohhhhh, siiiiiii, sigueeeeeee

Me estaba matando por dentro, mi culo era suyo, y pensé que ninguna otra polla me podría llenar tanto.

Alí continuaba con su movimiento, me agarró por las caderas, y el movimiento fue más rápido.

Ahora el dolor había dejado paso al placer, cuando la metía o sacaba, notaba en el culo una presión, que me hacía sentir como si fuera cosquillas en el culo. Me encantaba el movimiento, y ahora notaba como si su polla fuese a crecer.

Notaba el ensanchamiento de su culo, como si hubiera metido la polla por primera vez.

– Me voy a coggeg- dijo Alí- ¿Dónde quiege que se la ponga?

– Donde tú quieras, Alí.

Y noté como el culo se me llenaba.

Era su corrida, pero parecía como si me estuviera meando dentro del culo. Se sentía como una lavativa, y notaba la calidez de su semen.

No me hubiese importado tragármelo, aunque sería la primera vez que lo hiciera, pero con el culo lleno de su leche, podría sentirlo el resto del día.

El chico se apresuró a traer kleenex, de una cajita que había allí, por si las novias se ponían a llorar, aunque mis lágrimas serían de alegría. Me puse un montón de pañuelos a modo de pañal, y me subí las bragas. Me quité el liguero y me quité las medias, me puse mi ropa normal, mientras Alí se ponía su ropa

– Ha sido espectacular, Alí- le dije cuando ya estaba completamente vestida.

– Todavía queda pog haceg vagias medidas más

– No te preocupes, Alí- le dije- voy a venir muchas veces más, para que me tomes las medidas y tomártelas yo a ti. Además, creo que la boda va a tener que retrasarse un poco más, creo que el vestido tiene que estar bien hecho, para que la boda sea perfecta.

Salí de allí dignamente, como si no hubiera pasado nada. Me fui hacia el pequeño atril que hacía de recepción.

– Disculpa, Viki, creo que el vestido necesita as arreglos, al final no voy a poder casarme en la fecha que quería, voy a tener que retrasarla

– ¿Ha habido algún problema, Lucia?

– Oh, no, es que creo que cuando Edna me tomó las medidas, no estaba yo en mi mejor forma. Ahora que Alí me las ha tomado, creo que tengo que volver a tomarlas de nuevo, ya volveré en otra ocasión para que Alí me prepare los arreglos.

– ¿Para el jueves que viene?

– No, mejor pon los próximos cuatro viernes, creo que el vestido necesita muchos arreglos.

Salí de allí, me costaba un poco andar, pero apenas se notaba. Cuando entré al coche, dejé los paquetes en el asiento del acompañante, y me senté. Di un pequeño respingo, el culo me ardía, pero era un dolor placentero. Además, cualquier que me viese creería que era por el calor.

Pasé toda la tarde pensando en Alí, y en lo poco que quedaba para el viernes, el único día que no puede ir ninguna de mis amigas.






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