relato cachondo

la Alemana. Parte 2


Leer: La Alemana. Parte 1

En ese momento antes de hablar y mirándonos mi corazón estaba a 1000 por hora. Estaba nervioso pues notaba “algo” en el ambiente.

– ¿Sabes que le has gustado a una de mis amigas?- Me dijo alegremente. Dice que estas bueno. ¿No hay ninguna chica que te guste?

– Si me gustas tú. Dije con valentía.-He pensado que podríamos ser pareja.

– ¿En serio?- Me dijo sorprendida.

– Sí. Creo que siento algo especial por ti. No sé si será el verano o mis hormonas, o que te veo como a una mujer… no lo sé.

– Creo que sí, que podríamos intentarlo tú también me gustas mucho, pero no forcemos las cosas.- Me dijo ella sin perder la sonrisa.

– Estoy de acuerdo. Contesté alegremente.

-¿Puedo meterme contigo en la cama? – Tengo algo de frio.-Dijo mientras se abrazaba a si misma con gesto de tener frio.

-Si… claro- Dije muy excitado.

De repente sonrió y miro hacia mis partes íntimas, observando una clara erección y dijo- ¿A esto que le pasa? Dijo haciéndose la ingenua.

– Tengo una erección, ya sabes lo que es, así que por favor no te burles. Contesté con la voz temblorosa por la excitación sexual.

– ¿Por qué me iba a burlar? Es algo natural.

– ¿Tú quieres hacerlo conmigo? Me pregunto con naturalidad.

– ¿Cómo? Pregunte muy sorprendido.

– Yo no soy virgen si es lo que pensabas… en estos meses he hecho el amor con mi exnovio y algunas de mis amigas también lo han hecho con sus novios. Es algo natural. Si quieres lo hacemos a mí me gustaría hacerlo contigo.

Mi cuerpo no podía más y acepté asintiendo con mi cabeza. Pensé que era una buena chica, guapa, cariñosa, limpia y sana. Además ya éramos novios y era perfecta para mi primera vez. Era muy cariñosa y decía lo que sentía sin esconderse, siendo muy directa. Su dulzura y su forma de hablarme sin tapujos hacia que mi atracción hacia ella creciese como el fuego.

Se levantó y se apartó los tirantes del camisón dejándolo caer en el suelo, quedándose complemente desnuda. No llevaba ropa interior y me dejo con la boca abierta de la sorpresa. Mire su cuerpo, era delgada, rubia y con la piel morena por el Sol. Sus pechos eran pequeños y firmes, después observe sus bonitos pies… Era un sueño. Por ultimo mire su coño, tenía pelo pero estaba corto y arreglado, excitándome aún más.

– ¿Te gusta mi cuerpo?- dijo maliciosamente con una sonrisa y mirada pícaras.

– Si mucho, eres preciosa.

– Pues ahora déjame ver a mí ese cuerpazo- Me dijo ella mientras se lanzaba a quitarme la camiseta. Luego me baje el pantalón y nos quedamos los dos desnudos.

– Estás muy bien… me dijo ella sonrojada mientras miraba mi cuerpo de arriba-abajo. Su mirada se quedó clavada sin pestañear por varios segundos observando mi pene erecto.

– Bésame… pero despacito. Me dijo mientras acercaba sus labios a los míos.

Así lo hice, estábamos de pie y mientras nos mirábamos a los ojos me atreví a besarle. Mientras le besaba empecé a acariciar su cara y su hermoso pelo rubio. Fui besándole en los labios y lentamente mi lengua se juntaba con la suya alternando besos con lengua con besos cortos pero profundos y sensuales. A su vez acariciaba su piel con mis manos, acariciaba su pelo, su culo, su espalda, su vagina… todo con mucha delicadeza. Su olor era el perfecto ejemplo de juventud y limpieza. Era maravilloso oler su pelo y notar su suave perfume a limón

Ella cogió mi polla en completa erección y empezó a masturbarme lentamente. Mi princesa también me acariciaba por el cuerpo: mi espalda, mi rostro, apretaba mis glúteos y acariciaba todo mi torso con las yemas de sus dedos.

Le hice un ademán para que nos fuéramos a la cama. Nos pusimos los dos de rodillas encima de la cama mirándonos de frente el uno al otro mientras besábamos y acariciábamos nuestros cuerpos. En ocasiones sin querer mi pene se frotaba con sus pelitos notando la calentura de su vagina.

Después la tumbe boca arriba y mientras me acercaba a ella lentamente vi cómo se mordía y se chupaba los labios discretamente como señal de excitación. Empecé a lamer los pezones suavemente en forma circular. Sus pezones estaban erectos y tenían forma normal pero eran un poco largos y redondos al igual que su madre A veces se los mordía muy flojito o bien jugaba con la punta de mi lengua moviéndola deprisa sobre esos pezones largos y redondos de color café.

Lentamente fui besándole y lamiéndole por el vientre bajando por las piernas, hasta alcanzar sus pies.

Sus pies eran preciosos, estaban suavísimos y limpios, no tenían ninguna dureza o imperfección y no pude contenerme.

-¿Qué haces con mis pies? Me pregunto extrañada.

– Me gustan tus pies, quiero mimarlos y cuidarlos. Respondí seriamente.

Cogí sus pies y lentamente comencé a besar su empeine y sus uñas que estaban perfectamente cortadas y con la pedicura muy bien hecha. Poco a poco lamí sus plantitas con la punta de mi lengua como si fuera una serpiente y después me metí sus deditos en la boca uno a uno y chupaba entre ellos.

Al acabar de lamerlos aproveche y durante unos segundos rocé mi pene en sus pies discretamente. Los noté muy calientes como si hubiera llevado calcetines. Desde que vi sus pies en el coche estaba deseando lamerlos.

– ¿Qué te parece? ¿Te gusta que te mimen los pies? Le pregunté-

– Es raro, pero como lo haces es muy excitante. Me pone. Confesó.

Abrí sus piernas y observe su vagina que era como un tesoro. Su vagina olía bien y estaba muy roja y mojada. Pasé mi lengua por su rajita muy despacio de abajo a arriba. Poco a poco fui metiendo mi lengua dentro de ella como si le penetrase con la lengua, y a veces cambiaba para chupar su clítoris dándole lamidas rápidas. Mientras le practicaba sexo oral ella me acariciaba el pelo y la cara, cosa que me encantaba pues con esos gestos me indicaba que le gustaba y a su vez me agradecía el cunnilingus. La verdad estaba muy limpia y su vagina me sabía a miel.

Su rostro era como un espejo, se notaba que le gustaba en cuanto observe sus gestos faciales: Se mordía los labios, sacaba la lengua, movía la cabeza hacia atrás como gesto involuntario en señal de placer…

-Me encanta tu lengua… me dijo en voz baja y muy excitada. ¿Quieres que te chupe yo a ti? Me dijo cariñosamente al oído mientras me mordía la oreja con ternura.

Alternamos los puestos y ahora era ella quien me lamia a mí. Cogió mi pene y tímidamente se la metió en la boca.

– La tienes grande eh, más que mi ex. Me dijo mirándome a los ojos mientras me pasaba la lengua por el glande y me masturbaba muy lentamente.

Una de las cosas que más me excitaba de ella era su forma de mirarme a la cara mientras me realizaba una felación buscando mi aprobación o para comprobar si me estaba dando placer. Fue espectacular. Notaba esa pequeña lengua moviéndose deprisa sobre mi glande y de vez en cuando lamia todo mi pene fuera de la boca jugando con ella .Estuve a punto de eyacular, pero pude aguantar.

Ahora llegaba el gran momento…

– ¿Tienes un condón? Le pregunté

– No, pero no te preocupes lo hacemos sin condón.

– ¿Estás segura de eso? Dije muy sorprendido.

– Sí, mis amigas me han dicho que sin condón es mejor y tengo curiosidad por probarlo. Pero córrete fuera, si no te pego.

Después de pensármelo unos instantes accedí y se la metí. Debido a lo mojada que ella estaba y a mi líquido pre-seminal entró de repente .Su vagina estaba dura y calentita. Mientras la penetraba nos mirábamos y nos besábamos aleatoriamente, se notaba mucha tensión sexual entre los dos.

La primera postura fue “El misionero”. Era mi primera vez pero en seguida encontré el ritmo adecuado. Quería saborear el momento de mi primera penetración recorriendo y sintiendo todo el interior de mi chica. De vez en cuando ponía sus piernas sobre mis hombros para poder penetrarla mejor. En esta postura aprovechaba para lamer y besar sus pies al tenerlos cerca de mi cara. En ocasiones nuestros vientres se chocaban por la penetración pero intentando no hacerle daño haciendo la penetración más ligera.

Después ella quiso ponerse encima de mí para cabalgarme. Se puso arriba y fue moviéndose despacio, a un ritmo “infantil” pero sabiendo llevar el ritmo dándose placer ella misma desahogándose conmigo. Se notaba que llevaba tiempo queriendo desahogarse encima de mí .De vez en cuando mi polla se salía de dentro por accidente haciendo que nuestras partes íntimas se frotasen sin penetración, cosa que a ella parecía gustarle mucho.

En esta postura yo aprovechaba para acariciarle su cuerpo, tocaba su pelo, sus pechos, el culo, acariciaba su ano tímidamente con mi dedo índice, la besaba…consiguiendo un enorme contacto entre nuestros cuerpos. Ella por su parte aprovechaba para darme besos y acariciar mi torso.

Confieso que el roce de su piel morena por el Sol con mi cuerpo musculado es lo mejor que he sentido en mi vida, sumándole nuestra penetración al natural sin el condón, creando el verdadero significado de la expresión “hacer el amor”. Nuestras pieles eran como dos imanes que debían estar unidas.

He de añadir que la mezcla entre mi primera vez y el morbo de que nos pudieran pillar era indescriptible.

Al rato ya no pude aguantar más y le pedí permiso para eyacular. Eyaculé fuera de su vagina haciendo la marcha atrás sobre sus pelitos ya que dentro no debía, y en la boca no quiso que lo hiciera. Vi su monte de Venus y la rajita con mi leche y a ella no pareció importarle. Como buen caballero se lo limpie en seguida con una toallita perfumada.

Fue una noche increíble que ninguno de los dos olvidaremos. Antes de irse a su habitación estuvimos juntos en la cama desnudos y dándonos cariño. En esos minutos estuvimos gastándonos bromas y hablando del futuro. Nos hacíamos cosquillas intentando no despertar a nadie con la risa, hacíamos guerra de pies cosa que me excitaba y ella lo sabía y me fastidiaba con eso. Pero lo mejor de todo eran las muestras de cariño y oler su precioso pelo rubio cuando su cabeza se apoyaba en mi pecho.

A los pocos días, contamos a su familia que éramos pareja formal. Hubo una cierta alegría por parte de sus padres, simplemente nos advirtieron que tuviéramos cuidado y tenían toda la razón. Nos portamos como una pareja primeriza todo ese verano. (Íbamos al cine, paseábamos cogidos de la mano, follábamos a escondidas…)

Fuimos pareja durante algunos años, pero el tiempo y la distancia hicieron que la relación acabase. Durante los años que estuvimos separados tuvimos estilos de vida distintos, ella tuvo diferentes parejas y yo también. Pasados los años me trasladé a Alemania por trabajo y el destino quiso que tuviéramos más contacto de nuevo y como dice el refrán ” Donde hubo fuego, siguen quedando brasas”.

Al tiempo y sin forzar las cosas retomamos la relación y años después ella se convirtió en mi esposa y al tiempo de casados Dios nos bendijo con dos hijas guapísimas.

En mi vida amorosa solo puedo decir que me siento un hombre satisfecho nos cuidamos mutuamente, nos respetamos y tenemos una vida sexual muy satisfactoria y no tengo más que añadir, pues no podría tener una mejor compañera de vida aunque suene cursi como dicen algunos.


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