La suerte de la fea…


-¡Qué bueno está tu hermano¡, pero que bueno está tu hermano, tu hermano está para comérselo, tremendo está tu hermano….

Un día tras otro escuchando a mis amigas y a las amigas de mis amigas y a mis propias primas lo guapo y lo bueno que está mi hermano se hace un poco duro cuando él parece haber heredado toda la belleza de la familia. En el reparto a mí no me tocó nada. Mi hermano es alto, yo bajita; mi hermano es atlético, yo no diré que gorda pero si rellenita. Mi hermano es de facciones finas y atractivas, las mías son insulsas, romas.

Quiero que me entiendan. Adoro a mi hermano pero me hubiera gustado que la genética o la lotería de la naturaleza hubiese repartido más justamente los dones entre nosotros. Mi única ventaja respecto a él se la debo a haber nacido un año y 7 meses antes; no es una ventaja en términos absolutos, claro está, pero si una circunstancia que me ha favorecido en el caso que nos ocupa.

No despierto interés entre la población masculina de mi entorno. No soy popular entre mis compañeros y lo de ligar, a mi pesar, no es mi fuerte; vamos, que no me como una rosca. El próximo curso estaría en la Uni y sin comerme un colín. Las mismas “urgencias” sexuales que ya desde hacía un tiempo venían atormentándome a mi parecían estar ahora agobiando a mi hermanito. El tiempo que pasaba encerrado en el baño se había multiplicado por dos: estaba claro que se mataba a pajas. Yo  hacía lo propio salvo que no tener dos fábricas de espermatozoides entre las piernas me aseguraban cierta discreción para llegar al final sin manchar en exceso.

Lo observaba. El nano ya había dejado de ser el adolescente ajeno a la atracción de la anatomía femenina; su mirada se detenía en las curvas de las mujeres, también en mi trasero. Mi culo es mi único atractivo y eso si lo contemplamos por separado. Tengo las piernas, que le voy a hacer, cortas y unas pantorrillas gorditas en consonancia con los muslos que coronan las anchas caderas y unas generosas y redondas nalgas que en contraste con mi estrecha cintura aparentan ser aún más grandes.  A falta de tetas tenía necesariamente que sacar todo el partido posible a mis posaderas. Si ese ere el foco de atención de mi hormonado hermano sería entonces mi culo la manzana que tendría que hacerle morder.

Tampoco tenía mucho tiempo que perder. No le faltarían oportunidades a poco que su timidez fuera diluyéndose para que cualquiera le abriera su corazón y, de paso, las piernas así que debía aprovechar la coyuntura: fin de las clases y principio de verano. Alejado de las compañías habituales con mucho tiempo en casa para estar juntos y solos. La pequeña ciudad donde vivimos no es especialmente acogedora cuando el calor aprieta y no hay sitio mejor para combatirlo que el interior de las casas de anchos muros y altos techos.

Mamá y papá salían al curro antes de levantarnos nosotros. Sobre las bragas una camiseta larga, el pelo recogido y unas chanclas. No llevar sujetador era irrelevante; ya digo que mis tetas son apenas dos huevos fritos pero todo lo que ellas no resaltan lo abulta mi poblado chichi. He fisgoneado en el historial de búsquedas del ordenador de mi hermano  y abundan “hairy girls” y “natural girls”. Nunca me he rasurado el chocho; más allá de la línea del bikini apretados rizos negros ocultan los carnosos labios de mi sexo y hacerle saber a mi hermanito que fuera de las pantallas existía muy cerca de él una chica real que podía acercarse en algo a la de sus gustos era ahora mi cometido.

Me siento con un libro frente a él. Nos encanta leer al fresco del salón abierto por un lateral al patio interior repleto de macetas. Abro las piernas distraídamente. Ahora las abro un poco, ahora las cierro, ahora las abro un poco más. No pasa la página; no puede concentrarse en la lectura porque su interés está ahora en verme las bragas. Estoy satisfecha y me tengo que esforzar por no esbozar una sonrisa mientras le ofrezco la mejor perspectiva de mi entrepierna; quizás adivine el relieve del vello contenido por la blanca tela pero lo que de seguro no podrá percibir es el calor húmedo que desprende.

–          ¿Y qué, qué habéis hecho hoy?

–          Sestear y leer, y bueno…picar, cada hora a la despensa o a la nevera

–          Uff¡¡¡ Cómo no hagáis algo de ejercicio entre helados y holgazaneando vais a coger un par de kilos

–          No es mala idea.  Mañana empezamos, tú me ayudas ¿no Nano? Así bajo un poco el culo.

–          El culo, hija mía, me parece que es marca de familia. Esa herencia ya te pertenece

–          Si, menudos panderos tenéis las dos

Es obvio que no iba a cambiar mi atuendo para la sesión de gimnasia. Me pongo en manos de mi personal trainer con la mejor de mis voluntades y la peor de mis intenciones. Me viene al pelo la sugerencia de mis viejos sobre el deporte. Estiramos las esterillas en el fresco suelo del patio apartando algunas macetas e intento imitar siguiendo sus indicaciones los ejercicios que ensaya mi hermano. No soy especialmente ágil pero exagero mi torpeza cuando empezamos con las abdominales y le digo que me sujete los pies para poder trabajarlas. Me he puesto unas braguitas entre azules y violetas que dejan entrever el poblado monte de venus de mi conejito. Una, dos, tres, cuatro… venga, te quedan seis– me anima- y luego dos series más. Está disfrutando; el bulto de su polla es evidente. El corto chándal gris no alcanza a ocultar la erección. ¿tú crees que valdrá de algo tan esfuerzo? , le pregunto y me responde que sí pero que hay que ser constante, bueno, le digo, y ahora algún ejercicio para bajar o fortalecer éste culo. Se pone de cuatro patas y me muestra cómo contrayendo los músculos del glúteo y flexionando la rodilla debe dar alternativamente patadas hacia atrás con la pierna. Obedezco encantada con el trasero en popa y mi conejito húmedo de sudor y excitación.

–          Me parece que por mucho que haga y como dice mamá no podré meter a camino éste culo

–          Tampoco es para tanto

–          No, en serio ¿te parece muy.. no sé, grosero?

–          ¿grosero?, tienes un culo grande; no me parece un problema

–          Ya, que es grande lo sé pero ¡joder¡ imagínate que me pongo un tanga en la piscina. ¡Me quedaría fatal¡

–          No sé, no me lo imagino

–          No me ayudas Nano, hagamos la prueba

Era el momento; ese y no otro era el momento. Lo había tenido cautivo durante mucho rato en la contemplación de conejito cubierto solamente por las bragas. Tendría la polla a punto de estalla y era vulnerable.  Con un hábil movimiento convertí  las bragas en una especie de tanga; arrugué la tela que cubría las nalgas y remarqué con un leve tirón el interior de mi conejito suponiendo que resaltarían los labios. ¿Reaccionaría como esperaba?

–          Queda fatal, ¿no?

–          Joder Ana¡ Que no soy de piedra¡ ¡no me hagas esto¡

Estaba hecho pero me faltaba rematar

–          ¿Qué significa eso? ¿Qué me queda de espanto o que te pone mi culo?

–          Las dos cosas, ahora mismo me parece un espectáculo maravilloso

–          Uyyyy¡ eso sí que me sube la moral. El tío más bueno del instituto echándome piropos

Eso no sucede todos los días así que habrá que aprovecharlo, ¿quieres verlo?

–          Joder Ana, ¿tú qué crees? me muero por verlo

–          Hagamos un trato. Tampoco soy de piedra. Mi culo a cambio de tu polla

–          Vale, sin problema

Lo tenía ensayado. Me las iría bajando poco a poco. A cuatro patas como estaba  podría ver el detalle de mi chocho; contaba que los jugos resaltaran el rosa de los labios menores en contraste con el apagado tono rojizo de los mayores confiando en que el negro orificio del ano no le causara una impresión desagradable. Había repasado varias veces con la ayuda de espejos la imagen de mi chocho así expuesto, en medio de las grandes y casi celulíticas nalgas  y no las tenía todas conmigo.

Fui tirando de los laterales hasta descubrir la mitad del culo. Un poco más, ya podía ver la totalidad de la pelambre y con un leve tironcillo el último trozo de tela se desprendió para quedar totalmente expuesta a la contemplación. Giré por primera vez la cabeza para verlo y me devolvió, solo un instante, el ansia de su  mirada. Respiraba ruidosamente más por la boca abierta que por la nariz;  su  cara era una tea que le iluminaba incluso el cuello y sus orejas estaban encendidas.

¡joder! ¡joder! ¡que pasada!…. ¡joder! ¡joder Ana¡. Era todo lo que era capaz de articular.  Bueno, – dije- ahora te toca a ti. Me subí las bragas y me incorporé. Ahora la que me ahogaba era yo. Cuando quieras

Había visto pollas en internet, había visto pollas en fotografías pero cuando a pocos centímetros de mi cara saltó la de mi hermano fue  como si nunca hubiera visto ninguna. El mundo dejó de existir a mí alrededor. Los testículos rodeados de vello pegados al tronco moreno y venoso del más glorioso apéndice que hubieran contemplado mis ojos me dejo sin aliento. No la imaginaba tan grande, tan armoniosa en sus dimensiones, tan ¿bella?, si, la polla de mi hermano es bella. En esos momentos pensé lo afortunada que era y la envidia que iba a despertar entre mis amigas si pudiera contarles que mi hermano además de guapo tenía un paquete espectacular y que ahora mismo, además, iba a tener entre mis manos.

–          ¡Que pedazo de pollón, Nano, qué hermosura¡

Me resultó inverosímil que el ariete que salía horizontal del cuerpo de mi hermano con tanta solidez fuera a la vez tan dúctil. Nada que hubiera tocado antes tenía la textura de su polla y aunque supiera por las películas cómo funcionaba el asunto no estaba preparada para la viscosa explosión que nos aconteció. Mi hermano atinó a detenerla interponiendo la mano pero los poderosos chorros salpicaron mi camiseta y el reguero de gotas se esparció por el suelo. Después de la sorpresa inicial estallamos en una risa nerviosa. Habían sido demasiadas emociones para esa mañana.  Era yo la madura en aquellas circunstancias y reaccioné como tal.

–          Nano, mejor limpiamos todo esto antes de que los viejos aparezcan

Me cambié de bragas y me puse otra camiseta. Con nuestros padres por allí nos sonreíamos discretamente. Auguraba un verano entretenido.

–          Oye Ana, siento lo de ayer. No pude evitarlo

–          No pasa nada Nano, fue fantástico pero afina la puntería

Los dos teníamos las mismas ganas de seguir aprendiendo, ebrios de urgencias por adentrarnos en lo que nuestros cuerpos pedían a gritos.

–          ¿Qué, igual que ayer?

–          Vale, ¿me las quieres quitar tú?

–          Si, joder, si… será fantástico

Me coloqué igual que lo había hecho el día anterior. Enseguida sus manos temblorosas levantaron mi camiseta. Me dijo que tenía un culo de locura y con lentitud fue tirando de las bragas; respiraba con atropello. Ufff, pero qué pasada¡ ¡joder Ana, esto es la hostia¡

–          ¿Ya?

–          No, espera, no me canso de mirarlo

No supe que era hasta unos segundos después. No cabía en mis previsiones que El Nano metiera la lengua en mi chocho. El sobresalto inicial se disipó a medida que lamia los labios y succionaba el clítoris; mi hermano paraba para respirar y continuaba llevándome a la gloria.

–          ¡Nano¡ ¡Dios¡ ¿Qué me haces, Dios, qué me haces? ….ahhh¡ me voy a correr¡¡ siiiiiiiii¡ Diossss¡; ¡para, para, por favor,  para¡

Cuando recuperé el aliento me apoderé de su polla y me la metí en la boca. Él de pie y yo de rodillas. Cuando agarró mi cabeza intuí que le llegaba y aunque me lo esperaba los chutazos calientes y espesos que me inundaron la boca volvieron a maravillarme como maravillada estaba ahora mirando la nueva consistencia que había adquirido su polla después de la corrida. Caía como un péndulo con el glande amoratado y húmedo de mi saliva pero aún pujante y con las venas dilatadas surcando el tronco.

–          No me esperaba que hicieras eso¡ Menos mal que me había lavado.

–          No seas tonta, huele y sabe rico

–          ¿De verdad? … ¿a qué sabe?

–          No sé, a nada conocido… sabe a lo que tiene que saber… la cosa es si te gusto o no

–          Qué si me gusto? Joder, Nano, ¿tú qué crees? Fue alucinante y a ti, ¿te gustó?

–          ¿Qué me la chuparas?

–          Las dos cosas, que te la chupara y que me lo comieras

–          Por igual

Quedamos en el suelo, sobre la esterilla que dejaba traspasar el frescor del suelo, acurrucados. Yo pegada a su espalda, mi mano jugando con su polla. Volvía a tenerla erecta y comencé a masturbarlo.

–          Así es como te pajeas?

–          Más o menos

–          ¿En qué piensas?

–          No sé, en situaciones. En tías en pelotas, en escenas de pelis, en tu culo

–          Mentiroso¡¡¡

–          No, en serio, tu culo me pone a mil

Espera, para, yo también quiero. Fue el primer 69. A los dos nos encanta. Correrme mientras  me lame el chocho al tiempo que tengo en la boca su polla palpitando y soltando lefa es algo inenarrable.

Los días pasan y la pasión aumenta. Estoy muy salida y quiero más.

–          Nano, el otro día dijiste que cuando te haces una paja te inspirabas en mi culo. ¿es verdad o lo decías por adularme?

–          ¿por adularte? Joder Ana, ¿Cuántas veces quieres que te diga que tu culo me pone un montón?

–          Vale, solo una pregunta más ¿ya antes o ahora? ¿ahora más?

–          Ya antes, te veía en bragas y me ponía palote ¿Contenta?

–          Sabes que pasa Nano, estás tan bueno que no me creo del todo la suerte que tengo

–          Bueno, tampoco será para tanto. Además no les des más vueltas. Me pones y punto.

–          Nano..

–          ¿Qué?

–          Tenemos que hacerlo

Se lo propuse, si, quería que me la metiera; quería perder la maldita virginidad con él y reaccionó como esperaba: no podíamos hacerlo, no podíamos correr el riesgo y que yo era la primera en saberlo.

–          Joder, ya lo sé. No a pelo; con condón.

–          ¿tú tienes? ¿puedes conseguirlo?. Yo no tengo y en el pueblo ya puedes descartar comprarlos.

Era consciente de que en el micro universo del pueblo no había nada qué hacer. Teníamos el mundo a un clic de ordenador pero hacerse con un puto condón sin levantar una polvareda de rumores en torno era materialmente imposible.

–          Pues por el culo, me la metes por el culo

–          Oye Ana, a mí me basta con lo que hacemos. Ya habrá ocasión. ¿No tienes que ir a Al…..? En el Carrefour los compras.

–          Todavía queda para eso. ¿No quieres hacerlo? ¿Te da asco?

–          ¿Cómo me va a dar asco? No digas tonterías, lo que pasa es que no es algo en lo que pensara.

–          Te puedes correr dentro. ¿no quieres?.

–          ¿De verdad quieres que te la meta por el culo?

–          Sí, sí quiero. Quiero que te corras dentro

Preservativos no pero vaselina sí que tenía a mi disposición así que con el ojete bien untado y el glande de mi hermano bien ensalivado después de una concienzuda mamada me puse a cuatro patas para recibir en mi virginal culo el empuje de su polla cuando en realidad por lo que me moría era porque me follara; librarme del himen y empezar en la Uni sin esa asignatura pendiente. Con él sería perfecto. Sería como un juego, con nervios pero sin urgencias; con la franqueza de guiarnos mutuamente en el momento.

–          ¿te hago daño?

–          No, vas bien, así… poco a poco

Confieso que sentí dolor pero saber que tenía dentro de mi cuerpo la polla del tío al que tanto yo como todas mis amigas más deseábamos me hacía olvidarlo. Se corrió apenas terminó de tenerla toda dentro. Se desplomó sudoroso y jadeante a mi lado y por primera vez nos besamos.

La cajera era una chicha joven, por suerte. Es una tontería pero era la primera vez que compraba condones y miraba a mí alrededor como si hubiera robado y fuera a pitar la alarma. Compré además tampones, champú, chocolate y unas tiras depilatorias que no necesitaba pero cuyo envoltorio se parecía mucho a la caja de 12 unidades de preservativos con la absurda suposición de que estos podían pasar más inadvertidos.

Al final no fue para tanto. 16,30 euros que pagué rápidamente en efectivo. Gracias y hasta pronto me despidió la cajera. Ni asomo de reproche en su mirada. ¿Qué tonta soy, por la Virgen¡¡ y me hizo gracia porque precisamente virgen era lo que deseaba dejar de ser.  Y ahora de vuelta a casa. El tren sale en 2 horas. A Ver, tengo todo, los papeles del colegio mayor, la inscripción en la biblioteca  y sí, claro está, los condones.  Me estaba esperando pero también a la hora que llegué estaban mis padres. Le guiñe un ojo. Me puse cómoda y ya en el salón mientras esperábamos para cenar tuvimos unos momentos a solas. Me abrí de piernas y aparté a un lado las bragas. Tragó saliva y perfiló con la mano el contorno de su polla empalmada y presa bajo los tejanos.

No lograba conciliar el sueño y tuve que masturbarme. Una paja nocturna no iba a quitarme las ganas de follar; es más, tenía pensado presentarme en su cuarto en cuanto los viejos se marcharan. Igual hasta lo pillaba medio dormido y acababa de despertarlo con una buena mamada. Así, de buena mañana. Mejor no darle mucha transcendencia al asunto y evitar ponernos solemnes. Permanecí en la cama escuchando hasta que oí cerrarse la puerta; esperé unos minutos; silencio. Solos al fin. Cogí uno de los condones y me dispuse a salir en busca del Nano pero joder ¡no!, me había hecho un dedo. Otro día cualquiera me hubiera metido en la ducha pero hoy tenía prisa. Pasé por el bidet y me cambié de bragas; no unas cualquiera, elegí unas amarillo pollo tipo bikini porque sabía que le gustaban. Alguna vez me había dicho que prefería las bragas a las tangas, que le producía morbo descubrir lo oculto y que mi chocho tras las bragas seguía reservando misterios porque los labios mayores ocultaban por completo los menores y que eso aumentaba su excitación.

Tenía los ojos cerrados y estaba apenas cubierto por la sabana. Tiré suavemente del slip y posé mi boca sobre su polla, así, directamente.

            -¿y los viejos?

            -tranquilo, no hay moros en la costa

Se lo mostré y puse el condón a un lado. Las cartas sobre la mesa. La polla empezó a cobrar con la ayuda de mi lengua la  dureza requerida. Me puse en posición de 69 pero aún llevaba la camiseta y también las bragas. Confiaba en el efecto enervante que le iba a causar mi raja peludita y húmeda en cuanto las apartara para comerme las entrañas. Así fue. Rompí con los dientes, igual que había visto hacer en las películas, el envoltorio pero antes de sacarlo me desnudé por completo. Me arrodillé sobre la cama entre sus piernas y por primera vez, ambos, aprendimos a colocar un condón. Reíamos nerviosos. Me dijo que se sentía raro con aquel látex constriñendo su rabo pero que se las arreglaba.

             -Lo mejor es que seas tú la que conduzca, que tendrás más cuidado

            – Vale, sin prisa pero sin pausa ¿ok?

Me miraba expectante observando cómo se la agarraba y la ponía al borde de mi hasta ahora virginal orificio vaginal. Estaba excitadísima y apenas descendí ya tenía la mitad dentro; noté un pequeño resquemor, una leve molestia pero no paré de bajar hasta sentirme llena. Nos tomamos de las manos y permanecimos unos instantes así, unidos, él dentro de mí, yo atravesada por la carne viva de su palpitante falo. La magia se rompió como mi himen porque el Nano tenía bien aprendido que en cuanto se corriera tenía que sacarla y evitar derrames peligrosos.

Acabó el verano y quedó algún condón. Tenía la esperanza de agotarlos en navidad pero esa es otra historia que se confunde con la que nos contábamos en el colegio mayor las chicas de primero de carrera. Creo que era la única a la que ya se la habían metido por el culo pero no lo confesé. En realidad no conté detalles de nada salvo que mi primera vez había sido maravillosa y que sí, que la había disfrutado porque el chicho elegido fue delicado y paciente


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