Lola y un jovencito


Hola soy Lola este relato que os voy a contar, sucedió hace unos días, hay un tema que me de un poco de mentira porque he cambiado el nombre de mi difunto marido, por Ramón el cuñado de Carmen,

Esto fue lo que me paso con un chico, que salía en bicicleta por la urbanización donde vivimos, se cayó  y me ofrecí para curarlo. Esta es la historia, contada por él.

Durante el tiempo que duró la curación me hizo mil preguntas sobre mi vida, mi familia, mis estudios y donde vivía. Mi casa estaba a solo 6 calles de allí. Al momento de despedirme y luego de darme un cariñoso beso en la mejilla me invitó a visitarla en cualquier momento.

Solo por probar, volví a la semana siguiente y toqué timbre. Salió la Sra. de servicio, y después de preguntar a su ama, me hizo pasar. Doña Lola me recibió muy contenta y me invitó a tomar el té. Charlamos largo rato y antes de marcharme me hizo prometer que regresaría exactamente en 3 días a la misma hora, y para mi sorpresa me pidió que no comentara con nadie de esa cita. Ni con mi familia, ni con la suya.

Los ratones comenzaron a trabajar en mi cabeza y empecé a hacerme ilusiones. Para esa época toda mi experiencia con mujeres había sido un par de encuentros con una prima un año menor que yo que había llegado a casa acompañar a su madre en visitas médicas. Nos quedamos solos un par de veces y aprovechamos para desnudarnos y acariciarnos mutuamente aunque sin que lograra  follarla porque su mamá le había advertido sobre su virginidad y la posibilidad de quedar preñada. A lo más que pude llegar a que me hiciera unas buenas pajas que derramaba en su tetas.

Sin dudar un instante, al tercer día estaba yo tocando el timbre de casa de Doña Lola. Me recibió en persona, me dijo que la mucama tenía el día libre. Hablamos acerca de mi vida, si tenía novia o estaba casado y de a poco caímos en el tema adonde ella quería llevarme. Luego de preguntarme si yo era discreto y si sabía guardar secretos me dijo que quería invitarme.

Si bien yo esperaba algo de eso, no imaginaba de  que se trataría, pero me dije para mí que no tenía nada que perder, así que acepté y me dejé llevar. Me pidió unos minutos y salió hacia las habitaciones, para regresar luciendo bragas y corpiño negros. Cuando la vi casi me desmayo.

Se reclinó en un sillón que había en el recibidor y me pidió que me sentara enfrente. Mirándome a los ojos, sacó una teta de su corpiño y la empezó a apretar y sobar, mientras no me quitaba los ojos de los míos. Soltó un suspiro y repitió la caricia, aunque esta vez se dedicó a apretar y pellizcar el pezón. Luego con ambas manos en cada una de sus tetas las apretaba, sobaba e intentaba lamerlas y morder sus pezones. Según avanzaba su tarea, más seguidos iban escapando sus gemidos de su boca. A todo esto, yo miraba bastante desconcertado pero entusiasmado por el espectáculo.

Casi de inmediato liberó una de sus manos y deslizándola por debajo de su braga empezó a pasarla por su coño. Yo miraba atentamente y vi, o mejor dicho intuí, que se metía sus dedos en el coño para sacarlos y volverlos a meter haciéndose una paja, la primera paja femenina que veía. La madurita se cascaba el coño al tiempo que se satisfacía masajeando una teta. Su cara denotaba que estaba gozando, por la paja que se hacía, pero más por tener un espectador. Siguió por largo rato dándole al coño, hasta que sintiéndose próxima a derramar, interrumpió la labor con un profundo suspiro. Debo decir que yo estaba como una moto con mi polla como un  misil .

Se recompuso casi de inmediato, se acomodó la ropa, me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio. Me pidió que me quitara la ropa y me descalzara. Cuando intenté quedarme en calzoncillos, una voz firme me dijo.

–    Eso también, desnudito totalmente chaval-

Yo estaba mudo, no podía articular palabras por la emoción y la sorpresa. No hacía más que obedecer sus instrucciones. Estaba de pié, en bolas y con mi polla apuntando al cielo.

–    Tranquilo que lo vamos a pasar muy bien. Ahora tienes que quitarme el corpiño y las bragas Lentamente por favor-

Ella estaba de espaldas en la cama y yo me puse de rodillas para empezar mi tarea. Primero liberé sus tetas de la celda que los retenía. Todavía hoy tiemblo cuando me acuerdo la sensación que tuve al verlos cerca y rozarlos con mi mano. que se ofrecían para mí. Como quedé un tanto alelado, su voz me indicó que procediera con las bragas. Lo hice y ante mi apareció el primer coño que yo veía con pelo. Este era un verdadero coño y no el coñito sin pelo de mi prima. Rodeado de una espesa pelambre de rulos cortos, hirsutos y negros como el azabache, se presentó ante mis ojos como el mejor coño de mi vida. ¡Era el primero!

Lo recuerdo muy bien porque me marcó para toda la vida en lo que hace a mi preferencia por las conchos peludos. En un acto de puro instinto me arrojé sobre esa pelambre y empecé a refregar mi cara sobre ella. Luego mis manos empezaron a jugar con sus pelos acariciándolos. Ya lanzado, busqué con mis manos el triángulo famoso y me encontré con unos labios pardos, gruesos y carnosos, que al separarlos dejaron a la vista un chocho rosado y jugoso.

Cuando ya me disponía a zambullirme sobre ese coño, una voz me llamó a la realidad

–    No, no, no. Ven aquí a mi lado, quiero que me des un beso y me dejes acariciarte un poco.-

Me acosté junto a ella que tomó mi cara con sus manos y llevándola junto a la suya, me dio un beso profundo. Con su lengua abrió mis labios y buscó mi interior haciéndome vibrar. Era también mi primer beso de lengua y no sabía bien cómo responder. Me dejé llevar por el instinto y respondí como pude con mi lengua en su interior bucal.

Mientras se sucedía ese interminable beso, sus manos bajaron por mi cuerpo hasta donde estaba mi polla para apresarla y menearla. Yo estaba duro como una piedra y al solo tocarme casi me corro. A esa edad y viviendo mi primer gran experiencia sexual mi capacidad de contención era nula. Doña Lola, conocedora de estas lides impidió que me corriera apretándome fuertemente la base de mi polla  al tiempo que me decía

–    No tan rápido mi pequeño, ya hay tiempo para eso. Cálmate un poco que quiero llevarme tu polla a mi boca y disfrutarlo.-

Sin dejar de apretarme, se lo llevó a la boca y lo engulló de una sola vez. Parecía gozar muchísimo. Me bajó la piel del capullo y lamió la cabezota en medio de hondos suspiros. Luego de unos minutos de lamer y chupar y viendo que yo ya no aguantaba más porque mi cara denotaba el esfuerzo que hacía aguantando, soltó su mano y metiéndose la polla en la boca recibió una seguidilla de chorros de leche que parecían no acabar. Demás está decir que tragó todo lo que pudo y lo que se derramó, lo recogió con su mano para bebérselo..

¡Menuda situación la mía! Había sido tan intensa la sensación de goce de mi corrida que estaba un tanto mareado y no sabía para donde arrancar, además estaba enojado conmigo mismo por no haber podido retenerme. Lola me sacó del  atontamiento con palabras dulces y animosas.

–    ¡Bravo chaval! Me has regalado un polvo como nunca lo había recibido. Eso se llama la fuerza de la juventud. No sabes el gusto que me has dado después de tanto tiempo sin llevar ese néctar a mi boca-“mentira”

–    Señora, ha sido muy bonito y la verdad es que lo gocé mucho, pero si usted no se enoja me gustaría chupar sus tetas que me enloquecen desde el primer día que las vi.-

–    Por supuesto que puedes, tómalas y hazme gozar a mí también.-

No sabía cómo ni dónde empezar. Las miraba y me parecía un sueño. Al fin me decidí. Las tomé en mis manos para iniciar una intensa sesión de besos, lamida, chupada y mordiscones, alternando una y otra teta. A cada rato debía parar para tomar aire. Estaba en esa apasionada tarea cuando empecé a escuchar tibios gemidos que poco a poco se hicieron más intensos anunciando el primer orgasmo de Doña Lola. Yo me asusté un poco porque primero su cuerpo se tensó y me tomó la cabeza con sus manos apretándome contra sus tetas, al tiempo que dejó salir de su boca un profundo suspiro de satisfacción.

Cuando noté que Doña Lola estaba normal, le pregunté

–    Está bien señora? Me asusté un poco al verla así, no me imaginaba que una Sra madurita le gustara tanto follar.

–    Claro que estoy bien, más que bien, requetebién. No sabes lo hermoso que me resultó sentir tu mamada en mis tetas. Sentir esa lengua traviesa tuya por mis tetas y tus mordidas en mis pezones fueron lo más. Fue todo una delicia que te voy a recompensar, pero antes quiero seguir aprovechando de la habilidad y aguante de tu lengua. Puedo?-

–    Lo que usted diga señora. Seguramente será algo lindo como todo lo que hemos hecho hasta ahora.-

–    Ven, ponte sobre mi cuerpo mirando hacia mis pies. De acuerdo?-

–    Pues sí, ya estoy en posición, y ahora qué?

–    Ahora vamos a gozar ambos al mismo tiempo. Yo te voy a comer tu polla y tú me vas a comer mi coño. Cuando digo comer debes entender que tienes que darme gusto con tu lengua en mis labios vaginales y en mi chocho. Tienes toda la libertad para hacer lo que te venga en ganas.-

Puesto sobre ella con mi cara nuevamente frente a ese hermoso concho empecé por chupar sus negros vellos. Los que estaban rodeando su cuca estaban pringados por los jugos que había derramado Doña Lola. Algunos se enredaron en mis dientes como era de esperar. Ahora tenía su cuño a mi vista pero en posición inversa a la que había tenido previamente. Listo para el ataque me detuve un instante para percibir un olor que tampoco había olido en mi vida. Me llegaba un aroma raro, que pronto descubrí que provenía de su veterano coño, que lejos de disgustarme operaba en mi como un afrodisíaco que aceleraba mis apetitos carnales.

Con mis manos aparté con suavidad su entrepierna para tener mejor panorama. Era un delicia de coño, los labios carnosos de color parduzco que abiertos dejaban ver un agujero rosado y viscoso. Metí mi lengua a trabajar empezando por la paredes de su entrepierna para luego ir hacia el centro y lamer sus labios en movimientos de arriba hacia abajo en repetidas oportunidades que fueron arrancando suspiros y gemidos de ella. En eso estaba cuando por casualidad, con un dedo rocé un pequeño pezón que estaba cubierto por sus labios. Nada más hacerlo, Doña Lola pegó un brinco y me anunció que había tocado su punto máximo de placer, su pipa Me pidió que lo chupara y mordiera suavemente. Así lo hice y Lola volvió a descargarse con otra corrida  en mi boca. De su coño  salieron unos jugos que no tuve más remedio que beberlos a su pedido. He de decir que tampoco me disgustaron.

Mientras yo me entretenía con su coño, Doña Lola que ya tenía mi polla en su boca, succionaba el capullo  y con su lengua hacía cosquillas en la comisura de mi cipote, dándome un goce inenarrable. Con sus manos se aferraba al cipote y me masturbaba con movimientos rápidos. Parecía que recuperaba viejos conocimientos

sobre la materia.

Volviendo a mi tarea, diré que luego del polvo que derramó Doña Lola en mi boca, yo seguí lamiendo su chocho porque le había tomado el gusto. Mi lengua, curiosa, hurgó los rincones más profundos de su agujero buscando nuevas sensaciones, que por cierto fueron mayores para ella pues a cada embestida me respondía con gruñidos de satisfacción. A partir de ese día también me hice adicto a chupar coños.

Estábamos muy entusiasmados cada uno con su juguete, aunque en mi caso sentía una doble excitación. Por un lado comerme el coño de Doña  Lola y por el otro el clímax que me producían la mamada que recibía. Era una carrera para ver quien acababa primero. Además de mi lengua, me ayudaba en la faena con mis labios y hasta con la nariz y mis dedos, eran un festival de toqueteos en el chocho de la señora que ella agradecía mamando con mayor intensidad mi polla.

Eso no podía continuar indefinidamente, así que empecé a sentir sensaciones de correrme y se lo dije. Solo me respondió

–    Cuando quieras chaval, quiero tragar toda tu lechita.

Sentí que mis huevos se comprimían y de mi cipote salió otra vez una cantidad de leche que regó la boca de ella quien prevenida no dejó escapar ni una gota. Bebió todo y los restos que quedaron en la punta también fueron absorbidos con una rápida succión.

Nos recostamos uno al lado del otro para recomponer fuerzas. Era risible ver nuestros rostros encharcados con nuestros jugos. Empezamos a besarnos y lamernos recíprocamente nuestras caras para limpiarnos de los pegotes. Parecíamos dos gatos haciéndonos la higiene.

–    Como estas?- Me preguntó

–    Muy bien, de maravillas. Todo es nuevo para mí y lo que me está enseñando es fabuloso. Esto del sexo es lo máximo.

–    Y aun nos restan algunas tareas que en un rato emprenderemos porque quiero que me folles bien follada . Necesito sentir tu polla  en mi coño después de tanto tiempo de abstinencia.-(mentira)

–    Eso le iba a preguntar y no me animaba.-

–    Ahora vamos a pasar al baño para limpiarnos un poco y de inmediato si tu polla está dispuesta vamos a darnos otro gusto.-

Pasamos al baño. En ese momento, viéndola en pelotas y de pié, pude apreciar  lo buena que estaba con su edad .Verdaderamente era imponente. Toda una hembra con esas tetas que se sacudían al caminar. Pude apreciar en detalle su culo portentoso, algo caído pero conservando la forma y la consistencia que daría envidia a alguna chavala. Como si eso fuera poco, su chocho peludo que invitaba a comerlo nuevamente. Yo estaba en la gloria y deseaba que ese momento no acabara nunca.

Ella se metió a la ducha y me invitó a hacer lo mismo. Todo un espectáculo, ambos en bolas y acariciándonos bajo el agua. Tomó un jabón y me lo pasó por todo el cuerpo. Como es natural se detuvo un buen rato con mi polla  y  huevos, dándoles una limpieza especial. Cuando acabó me entregó el jabón y mirándome me sugirió que yo hiciera lo mismo con ella. No me hice de rogar y se lo pasé por su cuerpo y piernas. Se abrió de piernas para facilitarme la limpieza de su chocho que estaba pringoso Acabamos, nos secamos y vuelta al lecho para seguir con nuestros juegos. Yo presentía que venía lo mejor.

Y vino lo mejor porque fue una larga sesión en que repetimos los toqueteos y juegos sexuales que nos habíamos regalado previamente. Yo le sobé sus tetas, besé, lamí y mordí sus pezones, volví a meterme dentro de su coño con mi lengua, besé su chocho, devoré los jugos que Doña Lola derramaba para mí. Ella, por su parte, me comió a besos de lengua, me pellizcó y mordió mis tetitas, me dio un beso en mi agujero trasero que no esperaba y me trastorno, para luego darse un banquete con mi polla que, gracias a mi juventud, volvía a estar dura como al principio.

Eligió para la ceremonia de la penetración la posición llamada del misionero, según me dijo. Se colocó un cojín debajo de sus caderas para ofrecer mejor panorama, se abrió bien de piernas y me dijo

–    Ven, te espero. La quiero toda, todita dentro de mí. Deprisa y no me hagas esperar que estoy muy caliente y necesito esa polla joven y dura-

Yo ya no podía hablar, se me había secado la garganta. Solo atiné a decirle

–    Ya voy señora.-

Me acomodé despacio tomándola de la cintura y colocando mis rodillas debajo de sus nalgas, tomé mi polla  con una mano y lentamente la fui metiendo en su caliente coño, que la recibió sin mayores contratiempos porque estaba lubricada al máximo. Fui despacio controlándome. Ella trataba de animarme pidiéndome que se la metiera toda. No le hice caso, estaba en el papel del macho dominante, así que fui hacia mi meta muy despacio. Cuando llegué hasta el final del recorrido, sentí unas piernas que atenazaron mi cintura impidiéndome retirarme. Con un poco de esfuerzo empecé a mover mis caderas haciendo el movimiento que tantas veces había visto en las películas porno. Fue tremendo. Doña Lola en éxtasis, deliraba y no me llamaba por mi nombre sino mencionaba a un tal Ramón, pidiéndome que se la enterrara toda sin dejar nada afuera. Seguí y seguí con toda la fuerza de juventud. Sentía que podía controlar mi orgasmo y me dedique a follarla con todo ímpetu, para goce y satisfacción de Doña Lola que además de apretarme con sus piernas, ahora me clavaba sus uñas en mi espalda. Yo firme en mi tarea deslicé mis manos por su culo hasta llegar a su raya y encontrar su agujero. Metí el dedo mayor hasta el fondo y fue en ese momento que Doña Lola explotó porque me anunció que se corría.

–    Me corro muchacho, meterme el dedo en mi culo y ya no me puedo contener, Si, si, segue, segue, dame más y más. No parés, noooo, darme fuerte, darme fuerte los dos a la vez que me estoy corriendo como una perra. Si, siiii, aggggggggggg, Tomé rabo Sra, tomé rabo gritaban empujando con todas mis fuerzas.

 

Aggggggggggg, jadea, absolutamente entregada a las embestidas me estoy corriendo como una perra. Si, siiii, aggggggggggg, Esas palabras y su rostro convulsionado me excitaron mucho y de tal manera que yo también exploté llenando su coño con lo que quedaba de mi leche que resultó suficiente para que mi amante la sintiera dentro suyo. A pesar de mi descarga, como sería mi calentura que mi polla todavía se mantenía firme así que seguí con el mete saca ignorando los pedidos a gritos de Doña Lola para que parara porque ya no podía más. Viendo que cada vez se revolvía más y su mirada se extraviaba, me detuve y quité mi polla de su chocho que aparecía bien abierto y derramaba mi leche.

Pasaron varios minutos antes que Doña  Lola recuperara la cordura. Me abrazó muy fuerte y me colmó de besos al tiempo que me agradecía por haberla hecho gozar tanto.

–    Quién es Ramón.- Le pregunté curioso.

–    Mi difunto marido. Era un diablo para el sexo, lo extraño mucho.-(mentira)

Miró el reloj de su mesa de noche y se dio cuenta que habían pasado varias horas de mi llegada y se acercaba la hora del regreso de alguien, así que me llevó nuevamente al baño, me dio una ducha rápida con sus manos, me secó y me pidió que me vistiera para marcharme.

Antes de partir y después de muchos besos en los morros me hizo jurar que lo que había pasado era un secreto entre ambos y nadie debía conocerlo. Si le prometía reserva absoluta volveríamos  a repetir. Me dio su número de teléfono y me pidió que le mandara un whasapp cada semana. Así lo hice y por suerte pudimos repetir nuestros juegos, donde con un poco, más de experiencia disfruté tanto o más que esa primera vez.

Luego descubrí todo que el tal Ramón era su amante, y que de verdad era viuda, y que follaba con muchos, pero la suerte que yo tenía es que era un chaval joven, y le gustaba las pollas vírgenes


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