Polvazo en casa


No podía aguantar más. Estuve toda la tarde cachonda, y entrar en aquel chat me puso aún más. Una tarde de sábado en casa y sin planes, me puso la excitación por las nubes. En definitiva: quería sexo.

Llamé a Rafa, le hice una proposición indecente, y no tardó más de media hora en aparecer en mi piso.

Apenas cerré la puerta, me desabroché mi preciosa bata de seda blanca que, junto a unos botines también blancos de tacón alto, es lo único que llevaba puesto. Rafa me besó convulsamente, se bajó el pantalón, el bóxer, y su polla dura entró en mi coño como un misil. Me empotró contra la puerta, me embistió como si fuera la última vez, mientras yo gozaba como la zorra más inmunda del planeta.

  • Qué puta eres, Irene –jadeó.
  • Y lo que te gusta, moreno –contesté.
  • Follas como una puta diosa.
  • ¿Cómo una diosa, o como una puta?
  • Como ambas.

Entre jadeos sentí que me venía el orgasmo; le rodeé con mis piernas muy fuerte para sentirle entero dentro de mi coño, y a la siguiente embestida me corrí como hacía tiempo que no me corría.

  • Sigue moreno, que quiero irme otra vez- le susurré al oído.
  • Uff joder, vas a hacer que me vaya ya.
  • Aguanta-le espeté. Quiero correr… ohhhh…mmm….ufff. Quiero correrme otra vez…….mmmmmm

Se me cortaba la respiración. Justo en ese instante Rafa empujó y sentí su leche inundar mi coño. Cuando me estaba llenando me vino mi segundo orgasmo.

  • ¡Joder rafa! Me corroooooo………ahhhhhh……….mmmmmmmmmmmmmmmmmm
  • Y yo joder, ufff… mmmmmmm

Dos corridas en apenas 10 minutos. Pero aún no estaba satisfecha.


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