Profesora de baile * Relato hetero


El salón se encontraba vacío, se oían pocas voces del exterior provenientes de los niños restantes que se encontraban en el colegio.

Lo único que se podía oír fuerte eran los gemidos de Patricia M., mi profesora de baile, con la cual compartí una de mis mejores cogidas en toda mi vida.

-Aghh…Mmm…Sigue así. ¡Ay! – Gemía Patricia.

El culo de Patricia estaba estampado en mi rostro, mientras yo aprovechaba para succionar sus jugos vaginales.

-¡Ahh! Mmmm…¡Ay!

Patricia no paraba de gemir, hacía que el momento fuera más placentero aún. Prácticamente era como estar en el paraíso en vida.

 

Mi lengua no paraba y Patricia tampoco, éramos dos almas hechas para gozar del mejor encuentro sexual posible. Mientras yo sostenía su cintura bien formada por el ejercicio que Patricia hacía cada semana (era una mujer que le encantaba el deporte), ella estrujaba su culo, tratando de olvidar al imbécil de su marido que no le había dado la atención suficiente.

Con semejantes actos era muy obvio que el sexo apasionado sucedería muy pronto, pero…

¿Cómo llegue hasta acá? ¿Cómo pude llegar al punto de gozar un inmenso placer con una profesora? Es hora de recordar y saberlo…

——

3:00 pm. Las clases habían terminado, tocaban los talleres, en mi caso, me tocaba el taller de baile. En un principio, había elegido el curso de fútsal, ya que la mayoría de gente y de mis amigos se encuentran ahí; sin embargo, por cosas de la vida, los cupos estaban totalmente llenos y tuvieron que moverme a “baile” con la profesora Patricia M. Una señora simpática, su cuerpo no es de modelo, pero la gran rutina de ejercicio la hace mantenerse en forma, tiene unas piernas jugosas y unos glúteos muy bien estructurados.

Sinceramente, la profesora me caía muy bien, hablaba con ella de lo más normal (sin pensar lo que se vendría después) y cabe resaltar que es muy buena persona con todos. No suelo ser muy pervertido, pero cabe resaltar que en sus clases, aún trayendo buzos, sus nalgas resaltaban, y sin duda, se notaba el gran trabajo que la profesora había hecho durante todos estos años.

Tenía un hijo, pero recientemente se había rumoreado que había terminado con su esposo por razones desconocidas (que pronto yo sabría). Yo no le tomaba importancia ya que soy una persona neutra.

Bueno, continuando con lo anterior, tocaba clases de baile, unos movimientos sencillos no eran motivo de mucho cansancio, pero procuraba de hacer mi máximo esfuerzo, ya que me tomo muy enserio las calificaciones; los talleres tenían una duración de 2 horas y muchas veces terminaban en 2 horas y media, por lo cual todos los estudiantes se quejaban a excepción de yo, por lo cual la profesora me tomaba más consideración que a los demás. Hasta ahora, la rutina era casi la misma, algunas clases eran en un salón alejado de los demás, y en otras, era en el coliseo del colegio, el cual era enorme y cualquiera podía esconderse ahí sin darse cuenta.

Los primeros meses del año, la profesora andaba de un humor alegre, venía con leggins apretados y polos cortos y nos enseñaba diferentes pasos de baile. Sin embargo, casi en la mitad de año, su carácter cambió, en sus clases se notaba entusiasmo, sin embargo, este no se comparaba tanto como en las anteriores situaciones; obviamente, esto se debía a su separación, ¿a quién no le afectaría terminar una relación de tantos años? Conociendo a la profesora como era (simpática, coqueta, y de muy buena apariencia); se deduce claramente que ese estúpido de su ex-marido la había dejado por otra mujer, tal vez mucho más buena.

Durante estas clases de baile, hemos empezado a practicar bailes en pareja, ¿adivinen quien bailó con la profesora para servir de ejemplo a los demás? Exacto. Yo. A partir de ese momento, pude apreciar de cerca su formado cuerpo, agarré su cintura y nos movimos como si estuviéramos en una fiesta, nos mirábamos fijamente y manteníamos nuestros rostros cercas, lo cual creo yo, ayudó a elevar suficientemente la confianza entre los dos.

Siempre que nos tocaba bailes en pareja, me llamaba, y yo gustoso la ayudaba. Es más, cada vez que la agarraba de la mano y nos movíamos al ritmo de la música, ella recuperaba su mismo carisma de antes, como si sus problemas se hubieran ido de repente.

Sin embargo, un día el idiota de su ex-marido la logró herir profundamente, y ahí es donde el “consuelo definitivo” entre ella y yo sucedió…

——

Las clases de baile se habían dado a cabo en el enorme coliseo del colegio, me había aseado y cambiado, era algo extraño, pero sí que había sudado ese día. Mi mochila estaba lista, me la puse en la espalda y, de repente, se me vino a la mente mi campera (prenda de vestir). -¡Demonios, la olvidé!- Exclamé, y fui corriendo al coliseo, el cual, a suerte, seguía abierto.

 

Entré y divisé mi campera azul, pero también vi a la profesora Patricia, cuando estuve lo suficientemente cerca, pude darme cuenta que Patricia estaba llorando silenciosamente…

-Profesora… ¿Ocurre algo? – Le dije calmadamente mientras recogía mi campera

-¡Ian! ¡Sigues aquí! ¿Q…Qué si me ocurre algo? No…nada, tranquilo- Me contestó con un tono de voz muy bajo.

-Profesora, cálmese por favor- Le dije mientras me sentaba al lado suyo. -Usted tiene confianza conmigo, no se preocupe en contarme sus problemas. –

Patricia M. se secaba sus lágrimas y se acercó un poco a mí.

-Es mi ex-esposo. Terminamos hace algunas semanas, me ha dejado por otra.- Patricia rompió en llanto de nuevo.

-Profesora Patricia. Tranquilícese, llorando no se va a solucionar nada. Agradezca mejor por darse cuenta que ese hombre no era el indicado. – Le dije al verla llorar.

La profesora se secó sus lágrimas otra vez.

-Cr…Creo que tienes razón. Supongo que ahora deberé seguir con mi hijo adelante. Aunque ese maldito también se ha ido con él.

-Esa es la actitud profesora, siempre hay que salir adelante.- Le dije tratando de animarla.

Pasamos un largo charlando sobre el tema, es decir, sobre el imbécil de su marido y de su relación que tenía con él.

Patricia se había calmado, ya lucía activa como antes.

-Ian, cuántas gracias te doy por apoyarme, eres un buen alumno y una muy buena persona.-

-No se preocupe profesora Patricia, si usted requiere apoyo, aquí estoy para usted.

La profesora inmediatamente sostuvo mis dos manos con las suyas. Nos miramos fijamente, en eso, ella dijo:

-Enserio Ian, muchas gracias, haré que mi marido se arrepienta tarde o temprano de haberme dejado…

-Me alegro mucho…Pero recuerd…-

No pude terminar mi frase, Patricia se había lanzado hacia mí, los dos estábamos dándonos un salvaje beso en ese mismo instante. No lo había pensado alguna vez, pero Patricia tenía una gran habilidad de besar.

-Mmmm…Mmmm- Gemía Patricia mientras me besaba

 

Ya que el coliseo poseía escalones gigantes que servían de asiento, la “embestida” que Patricia me hizo había hecho  que me recueste en uno de estos, Patricia estaba encima mío mientras me daba unos calurosos besos, para no perder el equilibrio, tuve que agarrarla de la cintura… Esta mujer había despertado mi bestia sexual que guardaba desde hace un largo tiempo.

Patricia terminó de dar el largo y apasionado beso cuando dijo…

-Sígueme, debemos aprovechar esto al máximo-

 

—–

No tenía idea de que Patricia guardaba una de las llaves de los salones de secundaria, ya que era una profesora de baile.

 

Entramos al salón. Y después de unos 20 minutos de besos apasionados, volvemos de vuelta al INICIO de este relato.

Ella misma me echó sobre el suelo, bajó sus leggins y estampó su formado culo contra mi cara.

 

——

 

-¡Ay! Mmmm…¡Oh!- Gemía repetidas veces Patricia mientras yo lamía su vagina.

 

Movía exageradamente su redondo culo, sabiendo que yo lo estaba disfrutando al máximo. Su vagina olía muy bien, era perfecta para hacerle un oral. Prácticamente, se había sentado sobre mi rostro.

 

-¡Ah! Mmmmm. ¡Ay!-Exclamaba la profesora Patricia mientras se iba sacando el polo.

 

Me sostenía de sus caderas y succionaba una y otra vez sus jugos vaginales. Era un escenario magnífico.

 

-¡Ay qué rico! ¡Mmmm! ¡Ay!- Patricia siempre soltaba un gemido agudo al final de una exclamación.

Su vagina era un espectáculo total, introducía toda mi lengua y a los dos nos gustaba, el destino nos había juntado para gozar de un inmenso placer.

Empecé a lamer más fuerte, mi pene estaba erectado a más no poder, en mi buzo se notaba claramente. Para ese entonces, Patricia ya se había quitado el polo y el brasier, sus senos medianos resaltaban y daban ganas de agarrarlos y nunca soltarlos.

 

De repente, Patricia tuvo un orgasmo:

 

-¡Ayyy! ¡Ohhhhhhhh! ¡Síííí!-

Una gran cantidad de jugo vaginal salió proveniente de su vagina. Yo, como si no hubiera bebido en días, empecé a succionarlo todo, ella lo disfrutaba y se podía notar su alegría del placer en cada gemido que soltaba.

 

Ella se levantó, y entusiasmada dijo.

-¡Ven aquí, yo también quiero probarte!

 

Rápidamente me puse de pie y acerqué mi miembro hacia ella, Patricia cerró los ojos y empezó a chuparlo fuertemente. Los sonidos de la succión eran muy ruidosos, cada cierto minuto, se agarraba uno u otro seno.

 

 

-Mmmm…-Decía cada vez que chupaba el semejante pedazo de carne que tenía en su boca.

Yo empujaba mi pene hasta más no poder contra su boca, soltaba arcadas, pero a pesar de eso seguía chupándolo como si no hubiera mañana.

 

-¡Ay qué rico! ¡Mmmm! – Exclamaba mientras masturbaba mi pene y se lo metía a la boca.

 

Con semejante mujer en frente mío, era imposible aguantarse, me había corrido dos veces frente a ella, su boca y su rostro estaban manchados de semen, pero la diversión aún no había terminado.

 

*Gluck. Gluck.* Sonaba mientras seguía chupando.

-Mmmmm…¡Es súper grande!- Dijo Patricia soltando una risa antes de meterse el pene otra vez la boca.

 

Los sonidos de los niños que provenían del exterior habían cesado. Por lo cual ya no había que estar tanto al pendiente de que alguien nos descubra.

Patricia se masturbaba a la misma vez que se comía mi verga, estaba tan excitada que con una mano se acariciaba el pezón de su seno izquierdo y con la otra se acariciaba su vagina. Un chorro de semen cae en su boca mientras me lo chupaba; y ella, como si ya hubiera tenido experiencia antes, se lo trago e hizo una sonrisa pícara mirándome.

Patricia masturbó mi verga una vez más y se puso de pie, nos dimos un pequeño beso y seguidamente se puso en 4 sobre el piso. Junto sus dos manos y se apoyó sobre ellas, mientras que levantaba el exuberante culo listo para ser penetrado. En ese momento, no me importó el uso del condón, primero, porque no tenía uno a la mano; y segundo, porque deseaba venirme dentro de la profesora, complaciéndola por completo.

Acaricié su vagina con mi mano y, agarrando el pene erecto, me dispuso a introducirlo en su vagina.

 

-Ian, ten cuidado, te recomiendo que lo hagas por el chiqui…¡Ay qué rico!- Exclamó Patricio al sentir mi vergota en su interior.

 

Empecé a penetrarla lentamente, su culo era un escenario maravilloso. ¡Tas! le di una fuerte palmada. Ella disfrutaba del sexo, quién diría que esta señora que parecía tan educada iba a ser en verdad una mujer que le encantaba ser sometida.

 

-¡Ay! ¡Sigue así! ¡Sigue así!- Decía Patricia.

 

Su interior era muy estrecho, por lo cual ella cada cierto momento agarraba sus nalgas y las abría. El sonido repetitivo de la pelvis chocando con las nalgas era muy fuerte, y esto nos excitaba a los dos, ella se volteaba y me daba un beso apasionado. A partir de ahí, supe que la relación de profesora-alumno se había acabado, habíamos formado un lazo más fuerte.

 

Empecé a meterle mi verga más rápido, ella gemía más fuerte demostrándome el placer que sentía. -¡Qué rico!- ¡Ay! – ¡Ahhh! – ¡Ufff! – ¡Dame más! – Decía repetidas veces. Desde cierto ángulo, pude observar como sus senos se movían velozmente, por lo que con una mano apreté uno. ¡Qué teta tan bien formada! Yo la movía de un lado para el otro con fuerza, se sentía súper bien, Patricia sonrío y agarró la mano con la que yo sostenía su seno. Indudablemente, estábamos hechos el uno para el otro.

 

Su vagina estaba demasiada mojada, por lo cual no desaprovechamos la situación. Por segunda vez me eché en el suelo, ella se puso encima mío con una mirada coqueta.

 

-Haz lo tuyo. Yo estoy lista- Dijo Patricia con una sonrisa.

 

Ella se pegó a mi cuerpo, y yo me dispuse a penetrarla despacio, ella gemía lentamente y en su cara se podía notar lo complacida que estaba, nos mirábamos fijamente y nos dábamos besos seguidos, dando a conocer la conexión cercana que teníamos.

-Mmmm…¡Ay!- Gemía la profesora Patricia. -¡Qué rico!- ¡Ay!

 

Se pegaba a mi pecho y rebotaba sus dos nalgas para sentir aún más la penetración. -¡Ay! ¡Qué rico! ¡Sigue asííí!-

Patricia M. estaba llegando al orgasmo definitivo, en sus ojos se podía ver la excitación que estaba viviendo.

 

En el proceso, pequeñas cantidades de mi semen salían de la vagina de la profesora Patricia sin que ella se dé cuenta, su vagina estaba muy abierta, el momento era increíble, no podía creer que estuviera cogiendo salvajemente con una profesora. Ella gemía cada vez más y yo podía sentir como sus jugos vaginales iban mojando mi pene que se movía rápidamente.

 

-¡Esto es lo mejor que me ha pasado Ian! Ni mi esposo lo había hecho así- Dijo Patricia antes de darme un beso apasionado y largo.

 

Mientras nos besábamos aprovechaba a agarrar sus pechos y a meterle más fuerte mi verga, la sensación era estupenda.

 

-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Qu…Qué rico!- Dijo la profesora cuando metí mi pene lo más que pude. Sinceramente, no pense que su vagina era tan profunda para recibir tal tamaño de pene. En ese instante, saque mi pene rápidamente y, agarrándolo, empecé a dar pequeños golpes contra su vagina, a lo cual ella empezó a gritar de tanto placer, llegando hasta el punto que una gran cantidad de jugo vaginal había salido disparado hacia afuera.

 

-¡Hazme mía!- Exclamó Patricia, se pegó a mi pecho y me abrazó lo más fuerte que pudo. Yo, sin pensarlo dos veces, me sostuve de ella, y, como nunca antes lo había hecho, introduje repetidas veces mi pene en su vagina, solo que esta vez lo hice muy fuerte y obviamente, muy profundo.

 

-¡Ahhhhh síííí!- Gritó, -¡Soy tuya!- ¡El estúpido de mi ex-marido nunca me complacerá así!- ¡Iaaaan! ¡Hazme tuya! –

 

Patricia puso su rostro en el mío y empezó a darme un beso francés. -Mmmm…bésame Ian, seré tuya a partir de ahora, ya olvidé a mi esposo con semejante placer. ¡Estamos hechos para complacernos mutuamente! ¡Bésameee! –

 

Yo, obediente, la besé fuertemente, nuestras lenguas se intercambiaban y ella gemía de tanto placer. Es ahí donde mi profesora Patricia sintió algo que nunca más podrá olvidar… Agarré su seno derecho mientras la besaba, repentinamente, dejé de moverme, mi verga había quedado introducida en su vagina. En ese momento, la profesora Patricia M. seguía gimiendo.

 

-Ian…¡Dame m….Ahhhhhhhhhhhh!-

 

Un enorme chorro de semen inundó su interior, ella gritó por lo que acababa de sentir, una gran mar blanco salía de su vagina; ella quedó exhausta, yo había acabado completamente dentro de ella.

 

-Ay…Ay…Ay…Ay…-Decía Patricia en un tono muy bajo, el sexo le había quitado toda la energía. Obviamente, yo también me encontraba muy cansado, tanto así que Patricia y yo nos quedamos como 10 minutos recostados en el suelo, yo con mi verga erecta, y Patricia con su coño lleno. La verdad, no sabía si toda esa cantidad de semen la dejaría con un regalito de 9 meses, pero Patricia me dijo que ella se encargaría de eso. Hasta ahora recuerdo que mientras ella caminaba el semen seguía chorreando de su vagina.

 

Nos secamos en el mismo salón, limpiamos todo el desorden y nos retiramos, a suerte, aún había tiempo para salir del colegio; sin dudar, nos despedimos con un beso apasionado. Finalmente, la profesora Patricia M. me dejó su número para así poderse “contactar” conmigo. Al parecer nos encontramos en una relación muy estrecha basada en el sexo, la cual nos satisface a los dos; me alegra que Patricia se haya olvidado del idiota de su ex-marido; y a mi también me alegra de haberla ayudado en eso


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