Sexo en el parking * Relato lésbico


Zayda fue mi primera amiga universitaria, y en solo un par de días se convirtió en mi primera relación homosexual. Mis anteriores encuentros con mujeres habían sido esporádicos.

Pero Zayda me hacía sentir cosas que no había sentido con nadie, un hola de su parte ya me hacía sentir una corriente desde mis pezones hasta mi clitoris.

Estudiar con ella era uno de los desafíos mas grandes, estar cerca de Zayda y resistirnos las ganas de devorar y sentir cada centímetro de su cuerpo resultaba extremadamente difícil.

Los baños, las salas de estudio privadas la biblioteca, se convirtieron en testigos de los mejores meses de mi vida, de las mejores comidas que me habían dado jamás, de mi maestra de comidas, pero hoy iba a suceder algo totalmente distinto.

Nos quedaba una última clase por el día. Eran cerca de las 8 de la noche, estabamos cenando en el cafetin de la universidad, en el mismo banco, mis piernas rodeaban las caderas de Zayda, me gustaba que sintiera mi sexo tanto como se nos presentase la oportunidad, nos besabamos nuestros cuellos, sentía la respiración de Zayda, gemía en su oido mientras ella frotaba mi sexo con su mano, si pasaban cinco minutos más nos desnudabamos allí mismo y le dabamos un show a todos los presentes.

Andra: cariño, vamos al carro.

Yo aparcaba siempre en el último piso cuando salía de la universidad de noche, pues necesitaba hacerle tracking al gps de mi carro por seguridad. Mi carro es una camiometa Prado de Toyota y cuenta con vidrios tintados al 90% por lo que nos brindaba la privacidad y espacio que necesitabamos.

Zayda: ¿estás segura?

Andra: ¿istis siguiri? ¿Acaso fue una pregunta? Te dije vamos al carro.

En el carro tenía mis juguetes que desde hace semanas queria utilizar con Zayda un arnes, un consolador de doble penetración, y un vibrador de bala, y que antes de salir de casa me aseguré de empacar. Solo por las dudas cargué un lubricante, aunque sabía que ninguna lo necesitaría pues siempre que estamos juntas estamos más mojadas que las cataratas del Niagara.

Hay dos carros más además del mío, y parecen tener movimiento, ese que estamos a punto de emprender Zayda y yo. Entramos al carro y lo enciendo para tener el aire acondicionado. Nos colocamos en los asientos de atrás. Comenzamos a besarnos y tocarnos tan fogosamente como aquella primera vez en el baño.

Comenzamos a desvestirnos rápidamente, nada es lento entre Zayda y yo, las cosas no se hacen esperar.

Cuando estamos ambas solo en ropa interior me monto encima de ella, ella estaba sentada normalmente. Empecé a besar su cuello, su pecho, bajé a sus senos, quité su sujetador y comencé a morder sus pezones, lamía sus senos mordía sus pezones, escuchaba los gemidos de Zayda, me sentía en extasis yo.

 

Quité sus bragas y me agaché en el piso del carro, abri sus piernas y con la misma me sumergí en el coño de Zayda, así como ella me había enseñado.

Chupaba los labios de su coño perfectamente depilado, Zayda gemía de placer, empecé a lamer su clitoris mientras respiraba sobre los labios de Zayda, realizaba ligeras penetraciones con mi lengua, le metí mi dedo medio, seguía chupando su delicioso clitoris, meti un segundo dedo y comencé a masturbarla, los gemidos de Zayda iban en ascenso, que importaba si alguien más nos escuchaba ya.

Andra: te tengo una sorpresa amor.

Saque el arnés del bolso, mi arnes estaba equipado de un gigante dildo de 23 centimetros y cerca de 4 centimetros de grueso. Por la parte interna del arnes habia un consolador más pequeño, su función es la estimulación del cllitoris mientras penetras con el dildo a la otra persona.

Comencé a penetrar a Zayda. Fuerte y salvajemente mientras apretaba sus senos con mis manos. Zayda gemía muchísimo y alto, aun cuando creí que le daba duro me pedía entre gemidos que le diera aun mas duro. Ella acabó tres veces en menos de 10 minutos. Me agarraba mis senos, me pellizcaba los pesones me tomaba del cuello para besarme y morder mis labios.

Zayda: te toca a ti ahora.

Zayda me quitó el arnés y se lo colocó me acostó en el asiento, apretó mis piernas la una con la otra, y empezó a penetrarme sin separarlas. Se sentía como fuera de este mundo. Debido a la posición no era algo que pudiese hacer rápido o muy duro. Así que con un ritmo parsimonioso me penetraba y me hacía gemir despacio. Sacó el dildo de mi coño, me sentó sobre el asiento, colocó sus manos al lado de mi cuello en el asiento y me penetró de una estocada, lo hacía duro, rápido, despacio, duro, yo gimo mucho mas fuerte que Zayda, probablemente mis gritos se escuchaban fuera del carro, me hizo acabar dos veces.

Zayda: ¿alguna vez has hecho tijeras?

Andra: no, pero compre esto para que podamos disfrutarlas un poco más. Y saqué el consolador de doble penetración.

Zayda se sentó en un borde de la camioneta y yo en el otro nos acercamos solo un poco de manera que ambas pudiésemos ser penetradas por mi nuevo juguete. Poco a poco nos fuimos acercando. Zayda sostenía con fuerza el consolador y empezó a moverlo hacia ella, hacia mi, hacia ella, hacia mi, ambas estabamos disfrutando y gimiendo muchísimo.

Zayda: ya, es hora de que sientas lo que es ser una lesbiana en su totalidad. A ver si terminas de decidirte y renuncias a los chicos de una buena vez.

Sacó el consolador de ambos coños, de mi coño salió un sonido casi de aspiradora de lo húmeda que estaba.

Zayda me acostó de nuevo en el asiento y abrió mis pierdas, una dirigida hacia el techo. Se sentó de cuclillas atravesó sus piernas hacia mi pecho y nuestros coños rozaban. Ella colocó mi pierna encima de su hombro y empezó a menearse en mi coño, se sentía divino, así que empecé a moverme yo también

Ambas nos moviamos al mismo ritmo, nuestras respiraciones estaban sincronizadas, gemiamos al mismo tiempo acabamos una, dos y tres veces.

Dios mio Zayda me hace sentir tan divino.

Cuando volvimos a acabar zayda se arrodilló en el asiento y comenzó a comerme el coño, me hizo acabar dos veces más.

Nunca había gemido tanto.

Ya la hora de nuestra clase había pasado. Nos vestimos y emprendimos marcha. Zayda revisa mi bolso de juguetes.

Zayda: espera esto no lo usamos. Sacando el vibrador de bala. Ya estabamos por llegar a casa de Zayda. Me abrió la bragueta y colocó dentro de mis bragas el vibrador, lo encendió, y llamó a mi teléfono que estaba conectado al bluetooth del carro. Antes de bajarse del carro me dijo “ahora vas a tener el vibrador allí hasta tu casa y mientras hablas por teléfono conmigo”.

A mi me quedaban 45 minutos de camino, pero fue la conversación y la marcha a casa más deliciosa en mucho tiempo.

Antes de colgar le dije a Zayda: no creo que jamás abandone el sexo con los chicos, pero mientras esté contigo seré tan lesbiana como tu quieras que sea


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