Tarde en la piscina * Relato jovencitas


Era una calurosa tarde de verano. Mis amigas y yo habíamos quedado en mi piscina para pasar una tarde de chicas. Nuestra intención era pasarnos todo el tiempo tomando el sol y contando cotilleos. Y por supuesto, dándonos algún que otro chapuzón. íbamos a ser cuatro, pero al final dos de ellas no pudieron venir.

De modo que solo seríamos mi amiga Noah y yo. Nada más llegar, nos quitamos la ropa, quedándonos nada más que con unos minúsculos bikinis para que el Sol dejase la menor marca posible. Acto seguido nos zambullimos en el agua para refrescarnos un poco y nos salimos para Broncearnos y hablar de nuestras cosas.

Me sequé un poco, me tumbé boca abajo en la toalla y le pedí a Noah que me pusiese protección solar. Ella aceptó. Desabrochó mi parte de arriba del bikini y comenzó a darme un masaje en la espalda con la crema.

Poco a poco fue bajando. Cuando llegó al culo también me lo masajeó, cosa que al principio no me esperaba y me sorprendió bastante, pero a lo que no dije nada porque la verdad es que me gustó.

Cuando terminó se acercó a mi oído y me preguntó que si me había gustado, pero me lo tomé como una broma porque no pudo contener la carcajada después de decírmelo.

Un tiempo más tarde, nos volvímos a meter en la piscina. Estábamos jugueteando, saltando al agua y en uno de los saltos, a Noah se le desabrochó el sujetador. Ella no se dió cuenta y siguió hablando conmigo tan ricamente.

La verdad es que tenía unos pechos preciosos. No demasiado grandes, y muy blanquitos, con los pezones sonrosados. La avisé de lo que le había sucedido y se puso roja de la vergüenza.

Empezó a agobiarse por lo sucedido porque decía que se sentía insegura con su cuerpo, que no le gustaba mostrarlo y se quiso ir. Entonces yo me quité mi sujetador y le mostré que no pasa nada, que el cuerpo es precioso y que no hay que avergonzarse de él.

Ella se emocionó porque nunca creyó que yo fuese capaz de hacer eso y lo consideró una preciosa muestra de amistad, así que corrió a darme un abrazo. Nuestros pechos desnudos se unieron y sentí los suaves y blandos que eran los suyos.

A los segundos noté que sus pezones se pusieron duros. Cuando se percató de que me había dado cuenta se sonrojó, pero lo cierto es que a mí también me excitaba la situación, así que por primera vez en la vida, me lancé y la besé.

Ella no se apartó, sino todo lo contrario. Salimos de la piscina y continuámos besándonos apasionadamente. Comencé a besarle el cuello, la espalda, el abdomen los pechos, sus deliciosos pezoncitos y ella comenzó a gemir. La tumbé en la toalla yseguí recorriendo cada rincón de su cuerpo con mis la bios y mi lengua.

Cuando terminé de besarla, puse mis manos en sus braguitas, la miré para ver si quería que las bajase y ella asintió, así que se las quité con mucho cuidado.

Por su vagina salían fluidos que me daban a entender que de momento le gustaba lo que estaba haciendo. Me tomé unos segundos para observarla completamente desnuda. Era preciosa. Me fijé en la zona que acababa de destapar.

Estaba totalmente depiladita y empapadita. Su clítoris era pequeño y delicado y sus labios carnosos y apetecibles. Comencé a besarle las ingles, muy despacio, muy suave, simplemente la estaba rozando levemente con mis labios.

Me acerqué un poco más a su sexo y comencé a besar sus labios mayores. Eran suavísimos y deliciosos. Ella estaba tratando de contener los gemidos de placer, pero no podía. Y sin hacerla esperar más, comencé a comerme toda su vulva.

Su clítoris estaba erecto. Lo acariciaba con mi lengua y lo succionaba. Y cuando ella ya creía que no podía sentir más placer, le metí la lengua en la vagina.

No lo pudo soportar más y se corrió en mi cara. Yo me levanté y le mostré como me comía sus fluidos.

Mientras se recuperaba de su primer orgasmo, masajeé sus tetitas. Me quité las bragas y le puse mi coño en la cara para que me lo comiese. Me hizo exactamente lo mismo que le hice yo a ella y yo también terminé corriéndome en su cara.

Tras mi orgasmo, la puse en cuatro y comencé a comerle el culito. Mordía sus nalgas y lamía su ano. Mientras tanto, comencé a meterle un dedo por otra vez húmedo coño.

La masturbé durante un rato, pero no la dejé llegar a correrse. La tumbé de nuevo en la toalla y comenzamos a hacer una tijera. No hay palabras para describir lo realmente placentero que es el roce entre dos vulvas, pasando los flujos de un sexo a otro, restregando los clítoris de forma que se produce el mejor de los clímax.

Ella quiso tomar la iniciativa, así que me tumbó a mí abajo y continuó con ese glorioso movimiento que nos estaba volviendo locas a ambas. De repente ella comenzó a gritar, completamente ida por la sensación que estaba experimentando. Aceleró el ritmo de manera considerable.

Yo tampoco podía parar de gemir. No aguantaríamos mucho más. Y así fue, ambas estallamos en un tremendo orgasmo. Ella además tuvo su primer squirt, uno de los más tremendos que había visto nunca, y no cabía en mí de gozo de pensar que había sido gracias a mí.

Nos metimos totalmente desnudas a la piscina para limpiarnos un poco después de tanto disfrute y decidimos que seríamos follamigas. De este modo nos aseguramos muchísimos momentos más de un placer idescriptible y sin ataduras


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