Alemana sexi

Vacaciones con Alejandra. (Parte 1)


Alejandra, así es como se llama mi hermana. Al día de hoy tiene 24 años mientras que yo cumplí no hace mucho 21.

Ella nunca me había llamado la atención, sobretodo porque siempre había tenido novia y por largos períodos, situación que me hizo centrarme en mis relaciones y no prestar atención a las demás mujeres.

Su cuerpo, hasta antes de narrarles lo que me sucedió con ella, era de dos tetas normales, una piel clara, un culo firme y común, unos labios indiferentes, cerca de 1.76 metros de altura y una actitud en ocasiones detestable.

Sin embargo, sus facciones eran similares a las mías y teníamos gran parecido.

Al cumplir mis 21 años, salí de vacaciones al puerto de Acapulco junto a Alejandra y un par de primos. Nos repartimos las habitaciones de tal modo que mi hermana se quedó conmigo y mis dos primos, por ser varones, tomaron otra habitación.

Este fue el primer indicio de que algo extraño sucedería.

Al llegar a la habitación, Alejandra llevaba unos pantalones cortos y una playera ajustada con un ligero escote, cosa que me hizo voltear a ver sus pechos redondos marcados en la tela.

Sentí algo bastante extraño, algo así como una especie de escalofrío por hacer algo que hasta entonces consideraba incorrecto.

Por su puesto, ella no se había dado cuenta de que constantemente la empezaba a mirar con más frecuencia, y de modo distinto.

Cada vez más, sentía una agitación intensa al imaginarme sus pechos desnudos y casi al instante, las miradas se tornaban cada vez hacia sus nalgas y su zona vaginal.

Ella de pronto se inclinó un poco para buscar sus cremas que llevaba en su equipaje, por lo que me acerqué hacia ella para fingir que le ayudaría a encontrar sus cosas, pero por su puesto, yo miraba de cerca sus tetas como buscando encontrar sus pezones.

Pero lo único que veía era un par de tetas redondas, claras, grandes e infinitamente apetecibles.

Acordé con mis primos vernos en la piscina del hotel para darnos un chapuzón y después salir a comer algo. Una vez que Alejandra había terminado de encontrar sus prendas y sus cremas, se metió al baño de la habitación para cambiarse de ropa.

Yo, bastante tenso, me acerqué a la chapa de la puerta pensando encontrar un pequeño orificio por el cual espiarla, pero para mi sorpresa ella no había cerrado la puerta.

Entonces, desde el espejo del baño miraba cómo se iba deshaciendo de la ropa que llevaba puesta.

Primero comenzó por mirarse su cara en el espejo y soltarse el cabello que le llegaba debajo de los hombros, luego y casi con brusquedad, se quitó de golpe su playera, sus tetas sólo quedaban ceñidas por su sostén, por lo que lucían abultadas y bastante ricas.

Al quitarse el sostén, sus senos quedaron libres, al viento, tal y como me los imaginé: redondos, medianos, con sus pezones perfectos, listos para ser devorados, para poner mi verga entre los dos o para venirme sobre ellos.

Tuve una erección instantánea. En fin, quedó totalmente desnuda, pero yo sólo podía mirarla de la cintura para arriba; pero lo más importante, era que sus tetas se veían perfectamente colgando de su cuerpo.

No aguanté más, y comencé a masturbarme, viniéndome en segundos, quizás por los nervios de ser descubierto.

Una vez listos los dos, cogimos el elevador para descender hasta la piscina del hotel. El camino fue bastante tortuoso, pues sus tetas lucían bastante bien y yo no podía dejar de mirarlas de modo cada vez más notorio.

Y aunque mi hermana llegó a notarlo, no hizo ningún comentario ni se sintió incómoda. Me estaba volviendo loco, pues al ver su cuerpo me imaginaba que la tomaba del cabello y le metía toda mi verga, provocándole fuertes gemidos.

Entonces, su cuerpo ya no era el de las tetas normales y el culo firme, los labios indiferentes y la piel clara; su cuerpo ahora estaba dotado de un par de tetas suaves, listas para ser mordidas y magulladas; su culo, listo para ser contemplado, acariciado y penetrado; su piel, preparada para sentir mi semen escurriéndose; y sus labios, perfecta entrada para recibir mi verga.

Al reunirnos con mis primos, empezamos a convivir en la piscina. Todos notaban que había algo distinto en mí, y no era para menos, pues yo no despegaba los ojos de Alejandra.

Después al salir de la piscina me dijo que se iría a duchar para después salir a comer. Le dije que estaba bien y que en unos minutos iría a la habitación para hacer lo mismo.

Obviamente me fui detrás de ella sin que lo notara, cosa que resultó por demás absurda, pues ella llevaba la llave y tuve que esperarme afuera de la habitación hasta que ella salió de la ducha.

Una vez listos para ir a comer, las cosas eran insostenibles, por lo menos para mí. Alejandra llevaba unos shorts y una playerita holgada que permitía entrever la división que se hace entre las tetas y las puntas de sus pezones en la tela.

Estaba vuelto loco, pues sus piernas claras y bien dotadas me obligaban a fingir que me quedaba atrasado en el camino para después caminar detrás de ella observando su delicioso culo y sus bien torneadas piernas.

Una vez que comimos, decidimos ir a un antro para festejar el primer día de nuestras vacaciones y por su puesto, mi cumpleaños. Regresamos al hotel para cambiarnos, momento en el que no pude ver absolutamente nada del cuerpo de Alejandra.

Sin embargo, una minifalda y una camisa un tanto ajustada, eran suficientes para provocar enormes fantasías en mí.

Una vez en el club, comenzamos a beber ron y a bailar. Mis primos bailaban con ella, consientes de lo guapa que se veía, pero siempre respetuosos.

Yo, como nunca había mostrado gusto por el baile, me quedé sentado contemplándola y muriéndome de ganas de cogermela toda la noche. Pasado un tiempo, un muchacho se acercó para ligar con ella, cosa que me hizo ponerme de nervios, llenarme de rabia y sonrojarme de la impotencia.

El tipo era bien parecido y mi hermana, al estar soltera, accedió a bailar con él y platicar un buen rato.

De pronto vi que caminaron hacia los baños, por lo que los seguí. Simplemente buscaron alejarse de mis primos y de mí para poder ligar a gusto. Él empezó a besarla y acariciarle la nalga; ella lo abrazaba y le rozaba su verga abultada.

Siguieron bailando, pero el tipo la gozaba como nadie: le acariciaba las tetas que tan loco me volvían y rozaba el culo de Alejandra con su verga. Volví a mi mesa donde mis primos ya habían ligado.

Me sentí como un imbecil fracasado, pero entonces fue cuando me fijé un objetivo mayor: cogerme a mi hermana sin importar nada.

Volví de madrugada al hotel, sobrio y despierto por los nervios. Mi hermana llegó casi al amanecer un tanto ebria pero aún consiente. Le dije que dónde había estado, que la había perdido de vista, a lo que ella contestó que había conocido un “noviecito”.

Le pregunté si lo volvería a ver y me dijo que no fuera tonto, que fue una noche de antro y nada más. Al saber eso, comencé a imaginarme que el tipo se la había cogido, que había penetrado su vagina, que se la había cogido por el culo, que había terminado en su boca, que había mordido sus pezones, en fin.

No pude aceptarlo. Ella se quedó dormida casi al instante, por lo que me acerqué a ella y comencé a masturbarme. No le veía nada sino su cara, y me imaginaba que me la cogía. Únicamente me vine con gran furia en su cabello y por fin pude dormir.

DÍA 2

Al día siguiente se levantó cuando yo ya estaba despierto y listo para salir a comer algo. Ella se metió a la ducha mientras yo la esperaba en el lobby del hotel. Una vez que fuimos a comer, mis primos y ella se burlaron de mí al comprobar que fui el único que no ligó.

Pero no sabían y jamás hubiera pasado por su cabeza los planes que tenía con Alejandra. Propuse ir a tomar algunas cervezas en la noche pero a un lugar más tranquilo. Y así fue, llegamos a un bar pequeño donde estuvimos bebiendo y charlando.

Como todos teníamos la resaca del día anterior nos embriagamos con menor intensidad y partimos al hotel como a las 3 de la madrugada.

Pasé a comprar una botella de Vodka en una tienda cercana al hotel. Cuando entré a la habitación, Alejandra estaba semidesnuda, con los senos desnudos pero con su minifalda puesta.

Al verla, ella se molestó un poco y se puso un tanto incómoda. Le dije que no vi nada y que no había nada que no hubiera visto antes, palabras que le provocaron cierta carcajada para aliviar las tensiones.

Posteriormente, se quitó su minifalda frente a mí, quedándose en tanga, luego se puso una camisa larga blanca que le llegaba hasta sus piernas. Me dijo que se iba a dormir para al día siguiente ir a la playa.

Le dije que no, que se tomara un trago conmigo. Iba dispuesto a seducirla hasta que aceptara coger conmigo.

Así pues, comenzamos a beber vodka, prendí el televisor y puse el canal de música tropical y comenzamos a platicar. Le dije que me contara del tipo que conoció en el antro.

Ella, por su puesto, no quiso contarme, me dijo que era algo privado. Después de mucho insistir Alejandra se molestó y para cambiar la situación me dijo te voy a enseñar a bailar.

Ya un tanto más ebrios los dos tomé valor, nos pusimos de pie y comenzamos a bailar. Ella se reía de mi torpeza, situación que yo aprovechaba para acercarme a ella y abrazarla, tocarla, arrimarle mi verga erecta o incluso morderle la oreja.

Ella, al estar mareada no ponía resistencia. Le insistí que me contara del tipo del antro hasta que acepto. Pero para ese momento, yo ya la estaba abrazando por detrás, teniendo una mano sobre una de sus tetas y arrimándole mi verga contra su culo.

Ella tenía sus manos sobre las mías. Por fin aceptó, entonces, hablar del tipo. Me dijo que después de bailar fueron al hotel donde el muchacho se había alojado y tuvieron sexo.

Le pedí que fuera más explícita mientras que yo seguía tomando más vodka. Me dijo que era un tipo guapo, cuya verga no la decepcionó, que tuvo sexo oral durante un buen tiempo y simplemente lo hicieron placidamente hasta terminar. “¿Dónde terminó?” le pregunté, pero ella no contestó.

Los dos estábamos ebrios, pero sabíamos lo que vendría. Ella, ya empezaba a tomar parte en el asunto, me arrimaba sus nalgas y se movía. Yo comencé a acariciarle las piernas y las nalgas.

Su piel suave estaba haciendo que mi verga estallara. La acariciaba lentamente mientras ella contaba su experiencia.

Llegue hasta su vagina y comencé hacerle a un lado la tanga; estaba mojada y lista para ser penetrada. Jugaba amablemente con su clítoris y ella se retorcía, pero no dejaba de hablar.

Con mi otra mano empecé a tocarle las tetas y a magullarlas de un modo tierno. Le mordía la oreja y ella cesó de hablar y comenzó a suspirar. La situación era mía.

Le confesé todas mis intenciones. Le conté que la había espiado, que a propósito caminaba a tras de ella y que deseaba cogermela del mismo modo en que ella lo había hecho una noche antes.

Segundos después tuvo un orgasmo que hizo que sus piernas se retorcieran y gimiera con gran placer. Entonces le quite el camisón dejándola sólo en tanga. Me despojé de toda mi ropa e hice que se hincara para que me hiciera sexo oral.

Ella accedió; tomó mi verga, que ya de por sí estaba erecta, y comenzó a jaloneármela. Poco a poco fue acercándosela a su boca y comenzó a chuparla. Lo hacía bastante bien, prueba de que tenía una experiencia bastante amplia con los hombres.

Mientras me chupaba la verga encendí un cigarro y la dejé actuar. Fue la sensación más placentera que hasta la fecha he experimentado.

Después la levanté y la acosté en la cama. Hice a un lado su tanga, pero sin quitársela y comencé a lamer su vagina totalmente depilada. Primero metí mi lengua en su cavidad, quizás tres centímetros.

Después le escupí y me dirigí hacia su clítoris. Empecé a jugar con sumo deleite con aquella bolita dulce que le provocaba fuertes suspiros y gemidos cada vez más fuertes. Con dos dedos penetraba su vagina hasta que le provoqué otro orgasmo. Entonces ya todo estaba listo.

Me puse de pie, coloqué sus piernas sobre mis hombros y la fui penetrando lentamente hasta que mi verga había desaparecido. Me quedé dentro durante 10 segundos.

En ese instante no podía creer lo que tenía frente a mí: mi propia hermana sumisa y en mis manos, exigiéndome placer y esperando a ser satisfecha. Empezó el vaivén con una fuerza que se iba incrementando.

Sus ojos eran testigos del placer que ella sentía. Sus tetas se movían y ella se las acariciaba con rabia. “Más fuerte” me dijo, entonces comencé a penetrarla con mayor fuerza y mayor rapidez. “Me encanta” ella decía, mientras que le contestaba “Y tú me encantas a mí”.

Le provoqué otro orgasmo, por lo que tuve que bajar la intensidad. Ella me pidió cambiar de posición. Nos acomodamos de tal modo que ella quedaba sentada dándome la espalda y yo semi acostado, con los pies tocando la alfombra.

Entonces ella comenzó a moverse hacia atrás y hacia delante, en círculos y de pronto dando brincos leves. Yo empecé a masajearle el culo, tratando de dilatárselo.

Después del nuevo orgasmo, volvimos a cambiar de posición, ahora yo estaba totalmente acostado y ella estaba encima de mí. “Quiero estar arriba”, me dijo y comenzó a “cabalgar”.

Fue quizás otro momento maravilloso, pues sus tetas estaban más cerca que nunca, totalmente desnudas, al viento, colgando de su cuerpo; por mi parte se las acariciaba y las contemplaba.

En fin, cambiamos nuevamente de posición; ahora ella estaba de rodillas sobre la cama, era esa famosa posición que algunos llaman “de perrito”. Entonces la penetré con gran fuerza: le metía mi verga y se la sacaba con gran entusiasmo hasta que pensé que era suficiente…

Continuará….

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